Plagio ficticio PDF Imprimir E-Mail
Por Luis Eduardo Palacio   
septiembre, 2006

Cuando un escritor entrega su trabajo final, éste se transforma en material vulnerable al robo. Muchas historias se han escuchado de escritores que han sido engañados y copiados por otros autores que insinúan todo tipo de originalidad en sus trabajos. Muchas veces el escritor tiene la razón al ser víctima de una abstracción arbitraria de sus ideas, como otras veces tiene que agachar la cabeza ante el dictamen del jurado.

Similitudes generales entre escritores pueden existir, como préstamos de ciertos elementos que rodean un trabajo de escritor. Esto es permitido bajo la ley del derecho de autor (copyright) y de uso justo (fair use). El saber que esta ley existe no indica que todos los escritores comprenden exactamente lo que abarcan, y es precisamente aquí donde se generan los errores. Recientemente Dan Brown, autor de “El Código Da Vinci”, la novela Best Seller más exitosa de todos los últimos tiempos fue llevado a corte por acusaciones de robo de ideas. El co-autor de la novela “The Holy Blood, Holy Grail” denunció que el autor de la novela “The Da Vinci Code” le robó su hipótesis, la cual se resume en que Jesús y María Magdalena estaban casados, y que un grupo secreto llamado “Priory of Sion”, que ha actuado durante siglos en formas oscuras, protege sus descendientes y toma fuerzas dentro del vaticano.

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Audrey Tautou y Tom Hanks en la versión cinematográfica del libro “The Da Vinci Code”. (Foto: Cortesía Sony Pictures)
La ley de autor exclusivo no protege ideas, conceptos, o temas que abarquen un trabajo. Las ideas son libres y cada autor es libre de escribir acerca de un tema que haya sido planteado por otro autor anteriormente. ¿Cuántas historias parecidas a Romeo y Julieta no se han desarrollado y producido a lo largo de los años? El autor es libre de escoger el tema y darle su propia interpretación, ayudándose de estadísticas e índices históricos antes mencionados por otros autores. Lo que protege la ley de autor es la “expresión de autor”. Es decir, la manera particular cómo el escritor desarrolla el tema, y cómo enfrenta las ideas.

Pero, ¿cómo saber donde empieza la similitud y donde termina la originalidad? ¿Qué patrones determinan esa barrera invisible entre la libre expresión y el plagio? Muchos casos ilustran las dificultades de las cortes al enfrentar este tipo de demandas. Por ejemplo, Metro-Goldwyn Pictures Corp. quitó los derechos de autor a Edward Sheldon por su obra “Dishonored Lady”, relato basado en gran parte en acontecimientos históricos en el espacio público. MGM, uno de los estudios más importantes en la industria cinematográfica, quiso adquirir los derechos para llevar esta obra de teatro a la pantalla grande y no los consiguió; sin embargo, MGM produjo una película que la tituló “Letty Lynton”, basada en los mismos acontecimientos históricos que edificaban la obra de Shelton. A pesar de que la película estaba llena de contenido original, varias secuencias y detalles de eventos eran fiel copia de la expresión de Shelton, la corte menor no encontró relación más que de tema o ideas generales.

En una apelación del caso se concluyó que los derechos de autor fueron infringidos. Encontraron que la película de MGM era idéntica en muchos aspectos históricos y de expresión que no pertenecían al espacio público. Mientras que MGM tenía todo el derecho de hacer una película acerca de un acontecimiento histórico, no tenían derecho a copiar elementos de la obra de Shelton.

Dan Brown fue un beneficiado de uno de esos casos bien complicados en donde la determinación final del juez puede pasar por aproximaciones de un lado y otro. El resultado fue anunciado el pasado 7 de abril al ser declarado inocente de robarle la idea de su libro “The Da Vinci Code” a los señores Baigent y Leigh. Además, la casa editorial de Brown fue exenta de todo cargo. Una de las opiniones del Juez de la corte mayor explica sus razones: “De hecho el Brown había tomado partes del libro ‘Holy Blood, Holy Grail’, de autoría de los demandantes, pero a su vez estos fallaron en dar pruebas más contundentes de ser victimas de robo de su tema central cuando nunca pudieron establecer cual era ese tema central.” El juez también añadió, “El libro anterior (refiriéndose a ‘Holy Blood, Holy Grail’) no tiene tema central como lo denuncian los demandantes: fue una producción artificial con un propósito comercial”.

Después de ser librado de sus cargos, y haber vendido más de 40 millones de copias de su libro, la carrera de Brown apenas comienza. El lanzamiento de la película, basada en su exitosa novela, está previsto para mayo.

Ha sido un año de muchas controversias para Dan Brown y su esposa Blythe – quien hizo la mayor parte de la investigación desde el compromiso del libro con la veracidad, hasta su dudosa originalidad. Lo cierto es que mientras exista hambre de mentiras verdaderas o de verdades ficticias en la humanidad, van a ser siempre estas obras las más apetecidas. Pero, ¿Será revolver la ficción con la historia la mejor fórmula para atraer a una audiencia masiva? ¿Soñamos con una realidad ficticia? Y por otra parte, ¿se puede plagiar la ficción? ¿Es acaso la mentira material de derechos de autores? Estas son preguntas para las que ansío respuestas. Mi mejor alivio es que no soy el único.

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Modificado el ( septiembre, 2006 )
 
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