Qué mundial tan exitoso, definitivamente siento un poco de melancolía
al saber que me toca esperar cuatro largos años para volver a vivir
esta fiesta del fútbol que llega a su fin; treinta días en los que se
justificó llegar tarde a las citas, compromisos, reuniones, y hasta a
trabajar, porque “es que un mundial no es sino cada cuatro años”, me
cansé de repetir.
Empezando por el magnifico trabajo de despliegue y organización que reúne un mundial de fútbol, el momento previo antes de disputar cada encuentro es tan emocionante que lo único que se me viene a la cabeza es pensar como se sienten esos veintidós manes allí parados antes de salir a “jugarse” la vida ante un poco más de trescientos millones de personas que están pendientes de su actuación tanto individual como colectiva. Ahí es donde el fútbol, ese jueguito de patear el balón de un lado a otro, pasa de ser un juego tan simple y se convierte en una lucha por el honor de una nación, lo cual exige mucho más que patear una bola durante noventa minutos o más; una batalla donde la concentración es más importante que el mismo estado físico.
 La selección italiana celebra su campeonato mundial. Foto: Reuters
Claro que además de alegrías el fútbol también muchas veces decepciona, un ejemplo: Brasil. Realmente impresionante, yo no podía creer que un equipo que ha Ganado un Mundial cinco veces (con lo difícil que es ganar un mundial), haya jugado con esa actitud tan pobre y tan entregada ante una Francia que lo único que hizo fue aprovechar el error fatal de Roberto Carlos al amarrarse los guayos mientras que Zidane le mandaba el centro a Henry, quien solamente tuvo que empujarla para bajar a los brasileros de la nube: el resto es historia.
Pero también el fútbol sorprende, como los dos primeros partidos de Ecuador, contra Polonia “wow”me quedé boquiabierto con la organización y disciplina con que jugaron esos muchachos, a esa defensa no le podía entrar nada esa noche; y contra Costa Rica en un partido mucho más relajado, donde en un despliegue de un fútbol de pausa y toque, mandaron a los “ticos” para la casa.
El fútbol también emociona, o sino, pregúntenle a la gente de Trinidad y Tobago como se sentían tras lograr el empate ante la selección de Suecia en un súper- dramático partido que termino 0-0 en su primera participación mundialista. Y hablando de partidos dramáticos cómo olvidar ese partido de cuartos de final entre Holanda- Portugal que hasta batió record en número de tarjetas amarillas, veinte en total, y tres expulsados, lo único que faltó fue el juego limpio.

Lo de Alemania me gustó, jugadores como Lahm, Podolski y Klose realmente mostraron una excelente técnica y calidad para jugar al fútbol; sin hablar de la labor del técnico Jurgen Klinsman que logra conseguir el tercer lugar en una copa del mundo a pesar de su paupérrima experiencia como entrenador.
Por su parte, Francia sorprendió al llegar a la final con un fútbol sencillo de bastante marca a presión y poca creatividad, a excepción de cuando Zidane estaba conectado en los partidos, un equipo donde la experiencia de los jugadores empezó a marcar diferencias a partir de la segunda ronda llegando a la final a enfrentar a una selección italiana que consigue el tetracampeonato del mundo gracias a un estupendo trabajo defensivo liderados por su capitán Fabián Cannavaro y a la incansable labor de Luca Ton y Simone Perrota en la delantera. Ah Si!, se me olvidaba y un poco de suerte en los penales.
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