| Una polémica democracia |
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| Por Pamela Villafañe | ||
| julio, 2006 | ||
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Este pasado 2 de julio del 2006, 41 millones de ciudadanos mexicanos, una cifra récord, salieron a las calles a votar. El IFE, Instituto Federal Electoral, prometió desde el principio unas elecciones limpias, claras, en donde cada voto contara, algo sin precedentes para un país con elecciones notoriamente corruptas.
Todo marchaba como debido hasta que comenzaron los conteos de los votos presidenciales. Dos candidatos, Felipe Calderón y Manuel López Obrador, quedaron constantemente con cifras muy, muy cerradas. El pueblo estaba dividido, por un lado, según la palabra de los votantes, parecía que López Obrador era el ganador, por otro, las cifras anunciaban que por un mínimo margen, Calderón se llevaba la presidencia. Fue como si viajáramos en el tiempo y espacio y regresáramos a las elecciones presidenciales estadounidenses del año 2000. Para los que vivían en una burbuja y no recuerdan, George W. Bush y Al Gore quedaron casi empatados y después de varios supuestos conteos y recuentos, después de casi dos meses se decidió que Bush era el ganador del colegio electoral mientras que Al Gore ganó el voto popular. En un caso similar podría terminar la elección mexicana si no se resuelve pronto el actual problema. Manuel López Obrador exige un recuento de cada uno de los votos a la presidencia, y se lo exige a la Corte Suprema y al Tribunal Federal Electoral. Según el IFE, Felipe Calderón, del PAN, es el ganador de la presidencia mexicana con un 35.88 porciento del voto. ![]() Millones de mexicanos paticiparon en las más recientes elecciones presidenciales. Acá una imágen del Zócalo en el Distrito Federal. Foto: Reuters Por su parte, Manuel López Obrador, favorito del Distrito Federal y antiguo alcalde de dicha ciudad, obtuvo un 35.31 porciento del voto, perdiendo las elecciones. Además del IFE, monitores electorales de la Unión Europea confirman que las elecciones transcurrieron sin métodos corruptos y que el conteo final es legal. Sin embargo López Obrador y sus seguidores exigen un recuento de los 41 millones de votos. Según los seguidores del PRD, Partido Revolución Democrática, la estirpe de fraude electoral mexicana continúa y los votos fueron mal contados para favorecer al candidato del PAN, Partido Acción Nacional, Felipe Calderón, quien por su parte reconoció su victoria e hizo un llamado al pueblo a unirse. El problema es que el pueblo mexicano, especialmente en la ciudad capitalina no se cruzara de brazos hasta que haya un recuento. En marchas y protestas el pueblo incrédulo exige democracia. Más de 100,000 mexicanos salieron a el Zócalo, centro de la Ciudad de México, a apoyar a López Obrador en marchas y protestas que por el momento han permanecido pacíficas. Como si hubiese ganado las elecciones, el nombre de López Obrador se escucha en porras y cánticos. El país se encuentra polarizado, dividido en su nueva democracia después de tantos años en un estado monopartidista, pero el problema va más allá de una simple división de partidos políticos. López Obrador es el candidato de los menos favorecidos en el país mientras que Calderón es el candidato de las clases media alta, y alta mexicana. Años después de una de las revoluciones más famosas del mundo, los mexicanos reviven en las calles una lucha, no de partidos políticos, no solo de izquierda y derecha, sino de clases sociales. Es evidente que los seguidores del PRD, son en su mayoría pobres, campesinos, estudiantes, trabajadores sindicados mientras que los seguidores del PAN son en su mayoría más adinerados, empresarios, provenientes especialmente del norte. Después de seis años bajo el PAN y un presidente derechista como Fox, para muchos urge un cambio, preferiblemente hacia la corriente izquierdista. La clase obrera protesta de ser ignorada constantemente y de esta desconfianza sale la duda de que sus votos hayan sido contados. Con la frase “Primero los pobres,” López Obrador logro ganarse la confianza de la clase obrera mexicana, especialmente en la Ciudad de México, en donde se codean multimillonarios y una mayoría pobre diariamente. Mientras tanto Calderón con su frase “con manos limpias,” logró ser la encarnación de un político limpio, sin escándalos, perfecto para el pueblo conservador. Ambos candidatos prometieron en sus campañas trabajar duro con el problema del desempleo que lleva a miles a arriesgar sus vidas anualmente cruzando la frontera norteamericana. El debate sobre si hubo efectividad o fraude en las elecciones continuará por un tiempo hasta que ocurra un recuento, algo improbable ya que la Corte Suprema y el IFE aseguran que no es necesario, o hasta que López Obrador y sus seguidores concedan la victoria de su oposición. El hecho de que la gente tome las calles valida el proceso democrático mexicano ya que los ciudadanos ejercen su libertad de expresión pero hay que tener mucho cuidado de no convertir las demostraciones en actos violentos. Solo queda esperar los resultados de esta revuelta y luchar por mantener la calma y sobretodo la paz. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
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| Modificado el ( septiembre, 2006 ) | ||
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