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Aprobándolo se impulan las economías de nuestros países Desde los orígenes de la humanidad el hombre se ha visto en la necesidad de intercambiar mercancías. A través del tiempo, el mercantilismo fue una herramienta que permitía contar con recursos que no se tenían, con el transcurrir de los días, las naciones y personas se dieron cuenta de la importancia de otorgarle valor monetario a los artículos, valor que origina un modelo económico que se impone, el capitalismo permite a un reducido grupo convertirse en comunidades poderosas.
En la actualidad se manejan términos que nos ubican en un escenario que aunque, no parezca, nos permite entender básicamente el comportamiento de los recursos que posee un país. Apertura Económica, GEO-economía son entre otras las corrientes que se manejan actualmente, haciendo posible que cada nación ofrezca sus recursos y reciba aquellos que no posee en cantidad y que son necesarios para satisfacer la demanda de sus habitantes. Pese a tener fuerte oposición, el TLC fue aprobado por el pueblo costarricense. (Foto: AFP) Estas corrientes dan origen a múltiples tratados, pactos, alianzas que surgen entre las naciones. Los países en vías de desarrollo son quienes ven en estas múltiples posibilidades para salir adelante; pero no todo resulta bien cuando se intenta llegar a la firma final, como todo negocio las partes quieren imponer sus propias normas y ajustarlas a su propia conveniencia. Hoy por hoy uno de los más notables convenios que busca estrechar relaciones entre Estados Unidos y los países de Latinoamérica es el llamado Tratado de Libre Comercio (TLC). El tratado además de estrechar los lazos comerciales entre las naciones, busca generar un mayor grado de competitividad de los recursos a ofrecer. Sin embargo, la tecnología, la moneda interna, la historia, el gobierno, la sociedad, son variables que generan cierta desigualdad a la hora de formalizar éste y cualquier otro pacto con otra nación, ya que surgen múltiples interrogantes: lo oportuno, lo equilibrado y justo del tratado. Nuestros países latinoamericanos saben de la importancia de llevar a cabo este tratado, ya que, Estados Unidos es el principal mercado del mundo y mayor socio comercial. Siendo una puerta que se nos abre para apoyar nuestro crecimiento económico, es la oportunidad de usar el comercio como canal conductor para atraer mayor bienestar a nuestra población. Nuestras exportaciones de bienes y servicios aumentarán el empleo y elevarán nuestra calidad de vida. Así mismo cada país debe aportar sus propios cambios, siendo la competitividad la mejor herramienta para lograrlo, el trabajo en equipo del sector publico, del sector privado y de la sociedad civil es la mejor manera para ejecutar adecuadamente este tratado. Los casos más sobresalientes en Latinoamérica son Chile y México. Chile, el país austral, se ha convertido en una de las economías emergentes del continente, debido a su modificación, aceptación y enfrentamiento de las nuevas políticas económicas que genera un tratado bilateral. Por su parte, México ha querido estrechar el vínculo comercial que lleva con Estados Unidos, país que por su cercanía territorial hace el desarrollo tienda a ser más constante. Por otro lado Colombia ha estado esperando la puesta en marcha del TLC (Tratado de libre Comercio) con Estados Unidos, la decisión final esta en manos del Congreso que después de estudiar minuciosamente dará luz verde. Para estos tres países y para el resto de los países de Latinoamérica adelantar procesos similares o incluso el mismo TLC con Estados Unidos le servirá para fortalecer la industria nacional (haciéndose más competitiva), atraer a los inversionistas norteamericanos e inversionistas de otros países, quienes ven la posibilidad de que seamos un trampolín que los acerque a Estados Unidos. Los latinoamericanos estamos a la altura de éste reto histórico y lejos de resistirnos a cambiar y quedarnos viviendo el pasado, somos capaces de tomar todas las buenas oportunidades que se abren y construir nuestro progreso. Abrir estas oportunidades también implica abrir nuestro propio mercado a la competencia. Y no hay mejor defensa que una táctica ofensiva. El TLC es un medio, no un fin. El reto para Latinoamérica es aprovechar todas oportunidades como herramienta para su desarrollo y bienestar.
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