Alberto Gonzales PDF Imprimir E-Mail
Por Amira Plascencia   
octubre, 2007

Entre la espada y la pared 

Alberto Gonzales, el primer Secretario de Justicia de los Estados Unidos de origen hispano en el país, ha sido objeto de la crítica pública durante los últimos meses. A Gonzales se le acusa de “Bushie”, es decir de ser seguidor fiel del presidente George Bush, y de haber actuado para cubrir la espalda del presidente. De ahí que se le inculpe de malinterpretar las leyes para ajustarlas a su propio criterio, de invadir el espacio privado de los ciudadanos estadounidenses sin tener ningún derecho constitucional, y también de despedir, a nivel nacional, a varios procuradores de Justicia sin razón alguna.  Lo más grave es que la figura pública de Alberto Gonzales se ha visto minada, y a estas alturas se le tacha de persona poco íntegra.

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Alberto Gonzales(Foto: AFP)


Para hacer un juicio concreto de las acciones de Gonzales, sería necesario, antes que nada, conocer al pie de la letra las leyes que rigen al país y también habría que escudriñar en los archivos para seguir la carrera política del ex-Secretario de Justicia. No conozco las leyes lo suficientemente bien como para atreverme a decir hasta qué punto se infringió o no la Constitución. Tampoco tengo acceso a los archivos. Sin embargo, analizando los medios me es posible decir que cuando Alberto Gonzales hizo sus declaraciones ante el tribunal, su papel dejó mucho qué desear, ya que no demostró el aplomo necesario al exponer sus ideas. Comentarios como: “no recuerdo bien” o “no estoy seguro” se repitieron varias veces ante sus jueces, de ahí que Gonzales estableciera un perfil de desconfianza y confusión que afectó su carrera de forma profunda. 

La trayectoria profesional de Gonzales fue en ascenso a través de los años. Siendo muy joven, se alistó en la Academia de la Fuerza Aérea. Después de tres años de servicio, se matriculó en la universidad de Rice, en Houston, Tx., y se graduó en licenciatura en Ciencias Políticas en 1979. Posteriormente, en 1982, obtuvo el grado de abogado por la universidad de Harvard. De 1982 a 1994 trabajó en Houston para la firma de abogados Vinson and Elkins. Finalmente, en 1994, se unió al equipo de trabajo de George W. Bush justo cuando éste ganó la gobernación del estado de Texas.


En 1997, Bush nombró a Gonzales como Secretario de Estado de Texas; y en 1999, lo nombró Juez de la Corte Suprema de Texas. Gonzales también es conocido por participar en otros cargos no políticos. De 1993 a 1994 fue director de United Way de la costa del Golfo de Texas,  miembro del comité de admisiones de la universidad de Rice y fue electo como uno de los cinco texanos sobresalientes de 1994, entre otras cosas. Sus nombramientos han sido varios y detrás de ellos se ha destacado el origen hispano del ex Secretario.

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Nuevos refuerzos: El retirado juez federal Michael Mukasey es nominado al puesto de Secretario de Justicia por el presidente Bush, tras la renuncia de Alberto Gonzales. (Foto: AFP)


Gonzales nació en San Antonio, Tx., fue el segundo de ocho hijos y tuvo una vida difícil, ya que su padre, inmigrante de segunda generación, fue trabajador de la construcción y sus ganancias para sostener a la familia eran pocas. Con todo, Gonzales tuvo la oportunidad de estudiar, de llegar a la universidad y forjarse una carrera, que se ha visto reforzada con la imagen del hispano que logró realizar sus sueños a base de trabajo duro y fe en el provenir. Incluso, un poco antes de salir de su puesto, Gonzales afirmó en Washington lo siguiente: “I have lived the american dream” (“he vivido el sueño americano”) y también dijo que sus peores días como Secretario de Justicia habían sido mucho mejores que los mejores días de su padre.

Bien, al cubrir su persona con la bandera del Sueño americano, Gonzales hace ver a la comunidad  que el sueño se cumple, aunque después vengan caídas muy fuertes. Apelar al Sueño Americano es una forma de desviarse del punto principal, o sea, la cuestión de la ética profesional y no de la raza o de la condición social.


El Sueño americano carece de trascendencia si las acciones llevadas a cabo por el ex Secretario no se han esclarecido del todo.
Más allá de eso, Gonzales ha servido de pararrayos para los congresistas, tanto Demócratas como Republicanos, ya que mientras unos lo culpan de excesivamente liberal, otros lo consideran ultra-conservador. Bajo este panorama, Alberto Gonzales salió del Departamento de Justicia como una figura gris.


No obstante, antes de la renuncia definitiva de Gonzales, Ruben Navarrette, Jr., columnista político del Washington Post, publicó un texto en el que defendió a Gonzales y dijo que el ex Secretario era la piñata política del momento, y que no se había destacado en los debates su larga trayectoria profesional. Igualmente, el autor arguyó que Gonzales es una persona caritativa y honesta, cualidades que el presidente Bush exaltó también cuando salió en defensa de Gonzales.


Ahora bien, según Lichtblau y Shane, en un artículo publicado en el New York Times, uno de los grandes problemas de Gonzales fue, precisamente, la inquebrantable amistad que éste mantiene con Bush. Por ello, la defensa que hizo el presidente se ve más cubierta de camaradería que de profesionalismo.


“El señor Gonzales vino a Washington de las faldas del señor Bush hace seis años como un abogado proveniente de Texas con una historia personal muy inspiradora, pero sin ninguna experiencia en el sistema político de la nación. Gonzales obtuvo su poder casi exclusivamente por su estrecha relación con el Presidente, quien le llamaba simplemente Fredo. Ahora, Gonzales sale de Washington como un hombre ensangrentado, expulsado por los muchos críticos que opinaron que la fidelidad que Gonzales demostró a la Casa Blanca comprometió la independencia del Departamento de Justicia”. 


Entre las opiniones de Navarrete y de Lichtblau y Shane, hay una gran brecha, y es que a mi parecer,  Navarrette optó por un estilo más anecdótico que analítico, por lo que su argumento exalta más la relación personal entre el Presidente y el ex-Secretario que la carrera política del segundo. De ahí que su argumento sea más débil. Igualmente, es difícil encontrar otros textos o declaraciones que defiendan abiertamente la posición tomada por Gonzales, lo cual le quita aún más puntos a su imagen. Siendo así, es difícil vislumbrar el rumbo que tomará la carrera de Gonzales de ahora en adelante.


Mi opinión personal es que Gonzales manejó mal sus declaraciones, tanto al tribunal como a los medios, y esto no ayudó a destacar el profesionalismo y la ética esperadas por la comunidad. Por supuesto que es destacable que es el primer Secretario de Justicia de origen hispano, y ese es un punto que se debe valorar, no obstante no es válido recurrir al Sueño Americano cuando es notorio que éste va en picada. Creo que Gonzales va a desaparecer un tiempo del escenario político del país, tiempo necesario para dejar correr las aguas y observar si realmente aportó algo relevante al país mientras fungió como Secretario de Justicia.
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Amira Plascencia reside en Houston, Texas. Obtuvo su MA en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Calgary, en Canadá, y actualmente está preparando un doctorado en Literatura Hispana en la Universidad de Houston.

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Modificado el ( enero, 2008 )
 
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