La construcción de un mártir PDF Imprimir E-Mail
Zona Franca
Por Alejandro Leal   
mayo, 2007

La moraleja del atentado en la Universidad de Virgina Tech es más que evidente

Una de las escenas más gráficas relacionadas con el tiroteo en la universidad de Virgina Tech no fue presentada ni por las cadenas de televisión, ni por las agencias de imágenes periodísticas. Es más, no hubo videos, ni fotografías; fue una escena ilustrada en palabras. El comentario escrito por Adam Gopnik en la revista New Yorker, simplemente titulado “Shootings” o “Tiroteo”, abre con una frase que se podría traducir de la siguiente manera:

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Estudiantes recordando las víctimas en la Universidad de Virginia Tech. (Foto: Rick Wilking / Reuters)
“Los celulares de los estudiantes fallecidos seguían timbrando aún cuando nos habían castigado por preguntar el por qué. Mientras la policía evacuaba el edificio de ingeniería, los celulares timbraban con su excéntrica variedad de tonos, justo cuando padres de familia marcaban, manteniendo la esperanza de que sus hijos estuviesen a salvo”.

Gopnik imagina la horrible sensación de ser un oficial cuya responsabilidad es sacar los cuerpos de las víctimas y pensar que hasta hace unos segundos, esos cuerpos inertes hubiesen podido haber contestado aquellas llamadas de angustia.

Pero en ese instante, la verdad era otra, y otros miembros del mismo cuerpo policiaco tendrían que comunicarles las malas noticias a 32 familias que sin duda presagiaban lo peor.

El atentado en Virginia Tech fue un incidente que expuso las fallas del sistema social y comercial en cuanto al tráfico de armas. Lo más peligroso es como se ha defendido a capa y espada la segunda enmienda a la Constitución, la que se supone da libertad de comprar y portar armas. Quizás entender este derecho sea difícil para la comunidad inmigrante ya que las leyes contra el porte de armas son más estrictas en Latinoamérica y el mundo.


Sea como sea, la enmienda existe y habrá pasado mucho tiempo antes de que pueda retractarse. Lo que se escapa del debate es la intención de la ley, y por ende, la errada definición que le dan grupos como el National Rifle Association (NRA) a los argumentos pro-armas.
Como lo argumenta Gopnik en su comentario, las armas que adquirió el asesino de Virginia Tech no son armas de caza, no son rifles ni escopetas; son armas asesinas, cuyo propósito es exclusivamente el de aniquilar.

Por eso, cuando el NRA, el principal grupo en pro de las armas, defiende el derecho constitucional de portarlas a través de sus representantes, lo hace a cuestas de un debate honesto donde se dibujen los argumentos con hechos reales.

Hacia mediados de abril, el vicepresidente ejecutivo del NRA, el señor Wayne LaPierre publicó una entrada en el blog de la página web de la organización acusando a los medios de inflar la imagen del asesino dándole una insaciable cobertura, sobre todo tras revelarse los videos y fotografías. Según LaPierre, los tiroteos ocurren porque los medios los cubren.

Por un lado, los medios sí cometieron errores en cuanto a la cobertura del atentado, de eso hablaremos después, pero para que LaPierre salga a la defensiva de su organización apuntando el dedo a la prensa es, de por sí, un argumento cobarde.

Cómo es posible que hace 40 años, un hombre matara a 14 personas en el campus de una universidad en Austin , la capital de Texas y desde entonces, han ocurrido matanzas de igual o mayor gravedad en varias escuelas y universidades, siendo la de este año, la peor. Obviamente no se ha hecho lo suficiente para prevenir cada una de las siguientes matanzas. El asesino de Virgina Tech, por ley, no debió haber podido comprar las armas que compró, pero igual, logró adquirirlas en un almacén.
Es tan sencillo como suena: reducir el número de armas disponibles en el mercado es la manera más racional para contrarrestar la frecuencia de estos atentados.

¿Y los medios tendrán algo de culpa?

Sin duda. Es imposible transmitir imágenes de terror como las que facilitó el asesino sin que alguien en este país se identifique con ellas. Que esté bien o mal hacerlo no es lo importante; una persona dejará ese debate para después, una vez se acople a lo que propuso el asesino de Virginia Tech. Por eso no escribo su nombre, por eso el debate tiene que ser cómo prevenir este tipo de incidentes a través del dialogo honesto.

El asesino buscó convertirse en un mártir, y por un instante, lo logró.

La responsabilidad de que eso sucediera recae en el retazo de una cadena de televisión hambrienta por generar audiencia para su operación noticiosa. Al publicar las imágenes, NBC se fusionó, de manera literal, a la imagen del asesino. El logo multicolor y las tres letras se veían con claridad en todo el material difundido por dicha cadena. Los demás medios que decidieron retransmitir los videos, las fotografías, y en últimas, el nombre e identidad del asesino, sirvieron como herramienta en propagar la idea gloriosa del mártir.

Se ha formulado la teoría de que el asesino buscó la gloria, diseñando su obra desde principio a fin. Sinceramente, no lo puedo creer; el espectáculo de la matanza es una combinación de dos realidades: un espectáculo y una matanza; él generó la segunda – fueron los medios, y por ende, nosotros mismos los que generamos la primera.  

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Modificado el ( mayo, 2007 )
 
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