Un presupuesto brutal PDF Imprimir E-Mail
Crónica
Por Pamela Villafañe   
junio, 2006

Cuando hablamos de caos político y económico en América Latina, de gobiernos paralizados por semanas y de niños sin escuelas, muchos no pensamos inmediatamente en Puerto Rico.

La isla que desde hace 100 años mantiene su condición de “estado libre asociado”, una especie de colonia con debatibles beneficios y desventajas, acaba de pasar por la peor crisis económica en su historia. Por primera vez el gobierno estuvo en necesidad de reconocer un estado en quiebra e incapacitado de cumplir sus funciones básicas. Una cantidad sustancial de la población quedó desempleada por un periodo indefinido y miles salieron a las calles en protesta.

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Un grupo de sindicalistas protestan la propuesta de impuesto a la venta, hecha por el gobierno puertorriqueño para tratar de solucionar una crisis financiera en el país.

El año 2006 comenzó con un déficit de $740 millones de dólares, cifra enorme para una isla de aproximadamente cuatro millones de habitantes. Esta gran deuda dejó a Puerto Rico con el crédito prácticamente en ruinas, obligando al gobierno a una paro total. La decisión afectó fuertemente la fuerza laboral del país ya que el gobierno es el mayor empleador en la isla, dando cerca de 200,000 empleos y $500 millones dólares en salarios. En cifras, el estanque significó el cierre de 43 agencias gubernamentales dejando a 95,000 empleados sin trabajo, mientras que el cierre de escuelas públicas significó que cerca de 500,000 estudiantes quedaran sin estudio y 40,000 maestros sin empleo.


Miles de personas participaron en manifestaciones en San Juan, la capital, para exigirle al gobierno un acuerdo que los devolviera a sus empleos lo más pronto posible. Al comienzo nada parecía indicar la duración del paro pero al cabo de unos días el pueblo se dio cuenta que era para rato. Sólo las agencias de salud pública, los hospitales y las agencias policíacas seguían en pie.


Aún con amenaza de que estallara una crisis, el gobierno no parecía llegar a ningún acuerdo, lo que se puede atribuir a la polarización que existe en el gobierno puertorriqueño. El gobernador Acevedo Vila es del PPD (Partido Popular Democrático) y el senado es en su mayoría del PNP (Partido Nuevo Progresista.) Estos dos partidos son notorios por su rivalidad, ya que cada uno simboliza diferentes caras en el tema político más importante en la isla. El PPD apoya el actual estatus de “estado libre asociado”, mientras que el PNP apoya la inclusión de Puerto Rico en la unión americana como estado.


Para cualquier puertorriqueño, el debate sobre el estatus de Puerto Rico es de enorme peso y por lo general despierta grandes discusiones entre quienes apoyan las opciones de independencia y de estado libre asociado. En el gobierno esta división se traduce a una gran pelea por el poder. Con respecto al déficit, lo más chocante de todo es la politiquería exhibida por los miembros del gobierno durante el lío, mientras el pueblo pasaba hambre y desconcierto, ellos no procuraban llegar a una solución sino que se pasaban la culpa de un lado a otro. El senado culpaba al gobernador y no quería aprobar sus propuestas y el gobernador buscaba el apoyo del pueblo.


Con las elecciones próximas no queda duda que ambos partidos buscan la reelección y eso afectó sus negociaciones. La situación resultó ser una demostración de cómo una administración dividida y estancada en el tema del “estatus” resulta ineficaz, incapaz de manejar problemas que afectan el diario vivir del pueblo, tal como una deuda federal tan extrema.


El gobierno puertorriqueño puso a un lado el bienestar de su pueblo durante una enorme crisis y se enfocó en el partidismo y la politiquería.
Después de dos semanas laborales perdidas, este pasado lunes 15 de mayo la gente regresó al trabajo y los niños a las escuelas. Un grupo de economistas, representantes de cada partido, llegó finalmente a un acuerdo, un nuevo préstamo que podría llegar a superar los $740 millones.

Con este préstamo las oficinas gubernamentales comenzaron a funcionar nuevamente y el gobernador prometió reponer el salario perdido a los trabajadores. Se planea implementar nuevos impuestos para cubrir el costo del préstamo, aunque todavía no hay un acuerdo sobre ellos. El gobernador y el senado prometieron reunirse una vez por semana en los próximos meses para finalmente llegar a un acuerdo sobre una reforma tributaria y el presupuesto de la isla. De ahora en adelante los puertorriqueños se tendrán que acostumbrar a pagar impuestos en compras, algo totalmente nuevo para la isla.

Culminado el caos, que paralizó a Puerto Rico por dos semanas enteras, un pueblo se debate en la incertidumbre. Los niños de vuelta a las escuelas, los empleados del gobierno de vuelta a sus oficinas particulares con la promesa de que recuperaran su sueldo perdido, pero ¿ahora qué?


Después del debate político entre el gobernador y el senado, ¿volverá el pueblo a confiar en un gobierno dividido, uno que los dejó en la calle por dos semanas? No sabemos con certeza que pasará en la isla, pero esperamos que los líderes comiencen a ser verdaderos líderes porque el pueblo los necesita.

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Comentario[s]
carlos
Escrito por Invitado el julio, 2006
wow ke new esta pagina de notisias esta super sigan asi su amigo fiel carlos robles Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

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Modificado el ( noviembre, 2006 )
 
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