El privilegio cívico PDF Imprimir E-Mail
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Por Alejandro Leal   
octubre, 2006

Para saber donde llegar, hay que saber dar el primer paso


Ojeando la sección de abogados de las páginas amarillas de Casa Blanca, me encontré con que la gran mayoría de ellos ofrecían un servicio en particular: defensa para el DUI (pronunciado diyiuhay), el conocido cargo por manejo bajo intoxicación. Bueno pero antes, debería explicar por qué andaba buscando abogado. En realidad no se necesita representante legal para lo que pienso hacer. Someter una solicitud de ciudadanía lo puede hacer uno mismo. Es más, el gobierno tiene una página web asignada para quienes desean naturalizarse con información en varios idiomas. La verdad es que hay gente que no está al tanto de ello y por ende, pagan por tomar clases de ciudadanía, o para que un abogado les procese el material necesario para iniciar el proceso.

Aún así, de los tantos abogados anunciados en las páginas amarillas, tan sólo unos pocos especificaban poder tratar casos de inmigración. Sólo uno, anunciaba servicios para ciudadanía.

Centro Hispano ALFA, un grupo que incluye abogados, tiene más de 15 años sirviendo a la comunidad, según Alvaro Ceidel. “Trabajamos con la comunidad internacional, les ayudamos a preparar los documentos para someterlos ante las autoridades de inmigración”, agrega Ceidel.

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El privilegio de la ciudadanía. (Foto: Alejandro Leal / RE)
Las clases que ofrece ALFA son netamente clases de cívica, por supuesto, en inglés, para presentar el examen de naturalización.

“Hemos notado que las clases han sido exitosas al preparar nuestros estudiantes para el examen de ciudadanía. Por lo general son clases pequeñas, de 15 estudiantes, en un ambiente interactivo”, dice Ceidel.

Aunque en su opinión, el interés por las clases ha disminuido tras el 11 de septiembre, Ceidel comenta que las clases se hacen todas las semanas.

Quizás no sea que la demanda haya disminuido, pues según datos de la oficina de estadística de inmigración, las peticiones para naturalización a nivel nacional han incrementado constantemente desde el 2001. Sólo hubo un bajón del 2002 al 2003, pero la cifra sigue siendo superior al número de solicitudes enviadas en el 2001. 

Lo que sí bajó en el 2002 fue el número de personas naturalizadas. De 608,205 casos en el 2001, se llegó a 463,204 en el 2003 y sólo hasta el año pasado la cifra volvió a superar los 600 mil.

En Georgia, el fenómeno es similar; mientras que del 2001 al 2002 el número de individuos naturalizados incrementó en un 70 por ciento, manteniéndose constante en el 2003, la cifra se redujo alrededor de un 40 por ciento en el 2004 (la oficina de estadística no publica datos sobre peticiones de naturalización discriminadas por estado). 

Las razones pueden ser múltiples; un gran número de esas personas pudo haber fallado el examen, pudo haber retirado su solicitud, o simplemente no calificar bajo los requisitos estipulados por el departamento de seguridad nacional.
Pero si comparamos, más bien, el número de personas que fueron admitidas como residentes legales a nivel nacional en el 2000 (849,807), con el número de peticiones de naturalización en el 2005 (602,972), nos damos cuenta que hay una diferencia importante. (La restricción más común para que un residente pueda solicitar naturalización es que debe vivir cinco años continuos dentro de los Estados Unidos).

Es más, retrocedamos un año. Mirando los  datos de residentes admitidos en 1999 (646,568), y comparándolos con el número de solicitudes de naturalización en el 2004 (662,796), es más evidente la discrepancia.

El número de casos procesados y aceptados es menor al número de solicitudes; de igual forma, esta cifra fue mayor en el 2005 que en el 2004

¿A qué se debe que los residentes legales no decidan iniciar el proceso de naturalización una vez se cumpla el requisito de los cinco años?

Uno de los tantos factores puede ser la situación criminal del residente, lo que me recuerda la cantidad de anuncios de abogados en las paginas amarillas, que ofrecían defensa contra los cargos de DUI. 

En la época que trabajé de mesero en uno de los restaurantes “tex-mex” de la ciudad, conocí a un inmigrante sin documentos que se los pudo obtener casándose con una ciudadana americana. A un tiempo de haberse casado, tuvieron un bebé, y aunque ambos mantenían empleo, el caso de “Edgar” se complicó porque en dos ocasiones fue detenido conduciendo en estado de embriaguez.

No es el único caso; es más, para entender la severidad de las consecuencias recordemos a nuestro enemigo público número uno, el señor D. A. King.

Hace un año, King publicó una columna en respuesta a un artículo publicado en el periódico Marietta Daily Journal, en donde relató dos casos de personas cuyas vidas cambiaron de manera radical a raíz de la pérdida de  familiares involucrados en accidentes de tránsito. Se sospecha que los dos conductores embriagados que ocasionaron los accidentes, eran inmigrantes indocumentados.

La naturalización es un proceso lento y prolongado; un proceso al cual muy pocos se someten año tras año. Pero ante las autoridades este proceso es un privilegio; no es ni una obligación ni un deber. Como todo proceso, tiene su comienzo y tiene su final; ya sabemos donde culmina, lo importante es saber descifrar dónde y cómo iniciarlo.

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Modificado el ( octubre, 2006 )
 
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