Salud y vida
Combatiendo los radicales libres PDF Imprimir E-Mail
Por Nubia Valencia   
julio, 2007

Comenzaré pidiéndole lo siguiente: haga una abstracción  y traiga a su mente la imagen de una manzana de cualquier color, tamaño o especie; muerda unos dos pedazos y déjela por unos minutos expuesta al aire.  ¿Recuerda ahora cómo se ve su manzana luego de esto?Bueno, lo que sucede es que la manzana se “oxida”.  Así mismo podemos comparar el proceso en un pedazo de hierro que se deja a la intemperie, al sol y al agua; por supuesto también se “oxida”. Como también los aceites después de varios días se tornan rancios, por una reacción química de oxidación. Pero, ¿qué es lo que sucede en el cuerpo humano cuando se habla de oxidación y de “antioxidantes “?

La oxidación es una reacción química que se inicia con el oxígeno, y nos presenta dos caras: por un lado, es esencial para la vida; y por otro, produce “radicales libres”, moléculas altamente reactivas (dañinas). Estas moléculas necesitan un electrón que  “atrapan” para completar el que les hace falta de las moléculas que están a su alrededor para estabilizarse.  La que ha sido atacada se convierte en un “radical libre”, que necesariamente continúa en el mismo proceso desencadenándose una reacción que causará un daño profundo a muchas células. Image

Como ejemplo de radicales libres tenemos metales como el hierro, cobre, ácido nítrico y el ozono.  Estos contienen oxígeno y se conocen como ROS (reactive oxygen species) que son los que mayor significado biológico poseen, y por consiguiente, causan un deterioro a nivel de las células, proteínas y el ADN o material genético.

En el cuerpo, los radicales libres son producidos en reacción a factores internos y externos (y resulta imposible evitar las lesiones ocasionadas por ellos).  Algunos procesos internos de oxidación se producen en el cuerpo de manera natural (la respiración y el metabolismo); y otros son producidos por factores como la inflamación y el estrés. 

Entre los procesos externos causantes de radicales libres tenemos la contaminación, los rayos solares, el ejercicio extenuante, alimentos procesados, rayos X, el cigarrillo, el alcohol y algunos electrodomésticos (computadoras, la televisión, los hornos microondas, etc.)
El cuerpo mismo produce sus defensas o antioxidantes; sin embargo, el sistema no es perfecto, y al avanzar en edad las células sufren deterioro por estos procesos de oxidación acumulados, lo que impide a la célula su reproducción y acelera el proceso de envejecimiento.

Muchas enfermedades crónicas vienen siendo estudiadas a nivel  átomo-molecular. En muchas de ellas, se ha encontrado una correlación con el estrés oxidativo, causado por estos radicales libres, los que a su vez contribuyen al crecimiento anormal de las células (pierden la capacidad de “reconocer” las células vecinas conllevando a una proliferación sin control). Este proceso  es lo que comúnmente se conoce como tumores.

Los “antioxidantes” son nutrientes; sustancias capaces de interactuar y controlar a estos agentes nocivos para el organismo. Son vitaminas como la A y la E, son minerales como el selenio, el zinc, son enzimas (proteínas que ayudan al cuerpo en ciertas reacciones químicas), son flavonoides que se encuentran en frutas, el vino rojo, en el té, algunos vegetales, etc.  

Los antioxidantes han sido objeto de múltiples estudios para demostrar su rol en la prevención y desarrollo de enfermedades como el cáncer, enfermedad coronaria, artritis reumatoide, enfermedad de Alzheimer, cataratas, cirrosis hepática, depresión, obesidad, entre otras.
Se habla mucho acerca del papel de la vitamina E como un poderoso antioxidante en la prevención de la enfermedad cardiovascular; sin embargo, en múltiples investigaciones se ha demostrado que ella no disminuye el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, no importa si se toma en dosis mayores y por períodos ilimitados de tiempo. La dosis usual debe ser solamente de 400 unidades internacionales diarias.

Otros elementos que han sido objeto de estudios de investigación son los hongos o champiñones. En junio de 2006 los investigadores Daniel J. DeNoon, Louise Chang MD, N  y Joy Dubost presentaron un informe acerca de algunas variedades de hongos (los comunes o de color blanco, los crimini, portobella, shiitake y los oyster). Estos tienen tantos antioxidantes como muchos vegetales, y aún mayor cantidad, que los que poseen los tomates, pimentones verdes, calabazas, zuchinni, zanahorias y habichuelas.

El precio de los  hongos blancos es económico y su potencial antioxidante es muy grande, lo que hace innecesario consumir las variedades más costosas, como los portobella.  Usted puede escoger una gran variedad de vegetales y hongos, con lo que estará consumiendo una gran cantidad de excelentes antioxidantes.

El CDC (Centers for Disease Control) y la Fundación de Alimentos para una Mejor Salud han lanzado una campaña que dice: “Frutas y vegetales: el mejor tema”, que reemplazó la que decía “Cinco al día”. Con ésta última se buscaba promover comer al menos cinco porciones de vegetales y frutas al día. Con la nueva campaña, es hora de olvidarse de cinco al día, ya que gracias a los nuevos estudios, se ha descubierto que mucho más es mejor. 

¿Cómo espera usted que sean sus años venideros?  ¿Siente miedo de envejecer?  ¿Cómo espera que sea la calidad de vida?  Todas son preguntas que nos hacemos diariamente.  Lógicamente no quisiéramos envejecer; sin embargo lo más importante a tener en cuenta no es, ¡qué tantos años podremos vivir! Pero sí ¡qué calidad de vida podemos tener!

Lo mejor es comenzar a hacer conciencia y establecer parámetros preventivos, con cambios definitivos en el estilo de vida, sobre todo incluyendo los siguientes tres elementos en ella: 1. Comer bien; 2. Practicar un programa de ejercicios y 3. Consumir diariamente suplementos antioxidantes de alta calidad que ayuden al cuerpo a contrarrestar el bombardeo ocasionado por tantos “radicales libres”.

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Modificado el ( julio, 2007 )
 
El sol no discrimina PDF Imprimir E-Mail
Por Nubia Valencia   
junio, 2007

Recomendaciones para evitar lesiones por extensa exposición a los rayos UV

Llega el verano y la exposición al sol es inevitable. Es la época de las vacaciones, la estación de playa, sol y arena, o también de refrescantes tardes en la piscina o alberca. “¡Qué linda te ves con tu nuevo bronceado!”, pueden decir; sin embargo, hay que tener presente que la acción nociva de la radiación solar y los rayos ultravioleta se ha incrementado enormemente debido a la pérdida progresiva de la capa de ozono. No importa cuál sea el tipo de piel, raza, sexo, edad o color, toda persona debe utilizar un protector solar para la piel, aún en días nublados, porque la radiación traspasa y afecta la dermis.

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Tomar el sol por más de 20 minutos sin protección puede ser muy nocivo para la salud. (Foto: sxc.hu)
El bronceado y el enrojecimiento  después de la exposición al sol, constituyen los primeros signos de daño de la piel. El bronceado causa daño en la epidermis. Los rayos ultravioleta inducen una aceleración en la producción de melanina, que es la sustancia que da el color, proceso que se da para proteger la capa más profunda de la acción de los rayos UV. 

Al prolongarse la exposición, esta protección se detiene y se pasa a la quemadura con la cual aparecen enrojecimiento, inflamación y dolor, que ocasiona un daño en el ADN de las células de la piel; lo que más adelante predispone a la aparición de cáncer.  Las personas de piel oscura tienen mayor producción de melanina lo cual les da una mayor protección, lo que no significa que puedan exponerse por períodos demasiado prolongados al sol, pues el riesgo de cáncer sigue siendo el mismo.

Con el pasar de los años se evidencia el daño por la aparición de arrugas prematuras, manchas, la piel se adelgaza y se torna más frágil, aparecen pequeñas venitas rojas en las mejillas, la nariz y las orejas; también se manifiestan manchas oscuras en la cara y manos, así como manchas blancas en brazos y espalda (es decir, la apariencia es la de tener mas edad de la que realmente se tiene).

Otras lesiones que se presentan se conocen como “keratosis seborreica” y “keratosis actínica” que son lesiones oscuras, con relieve, piel seca y acartonada, que aunque no son lesiones cancerosas tienen esa apariencia. La Keratosis actiníca puede conducir a cáncer.
El cáncer en la piel se manifiesta con pequeños crecimientos de color oscuro, duro y seco, que pueden sangrar y sanan pero se vuelven a reabrir.  Consulte a su médico si le aparece una lesión oscura que no sane en dos semanas o si observa algún cambio en la consistencia de un lunar.

Los protectores solares han sido diseñados para ayudar a los mecanismos de defensa del cuerpo en la protección contra los efectos dañinos de los rayos del sol. La Academia Americana de Dermatología recomienda el uso diario de un protector solar, y si la persona va a estar expuesta por más de 20 minutos al sol debe utilizar un bloqueador que tenga al menos un 15 porciento de protección conocido como SPF (Sun protector factor), el cual debe reaplicarse cada dos horas; también tenga en cuenta aquellos que posean además del SPF, una pantalla solar.

Los protectores solares deben poseer ciertas características como, por ejemplo, tener un amplio espectro, ser resistentes al agua y tener al menos un 15 porciento de SPF. También deben incluirse otras medidas para protegerse del sol como vestir cubriendo las áreas más sensibles, evitar las horas entre las 10 a.m. y las 4 p.m., utilizar sombrero o gorra y buscar las áreas donde haya sombra. Una buena recomendación: si se ha expuesto al sol y presenta quemaduras tenga a la mano y aplique inmediatamente gelatina de sábila.

Resulta curioso cómo hombres y mujeres se comportan de manera tan diferente frente al uso del protector solar, pues la mayoría de los hombres piensa que no lo necesita. Sin embargo, se sabe que la acción del sol no discrimina entre géneros.
Para un mejor cuidado de la piel, además del  protector, debe contarse también con productos que cumplan una función específica como: limpiar, tonificar, hidratar, restaurar y también aplicar mascarillas que ayuden a humectarla.

Esto correspondería a la parte nutritiva y cosmética externa, pero no debemos olvidar la importancia que tiene para la piel el alimentar bien nuestro organismo con productos ricos en antioxidantes, betacarotenos, bioflavonoides, vitamina E, minerales como el zinc y el selenio, el omega 3, colágeno y elastina; y por supuesto, tomar abundante agua.

No se exponga o arriesgue a futuras complicaciones de salud por no seguir consejos sencillos y fáciles de practicar. Recuerde: “prevenir es mejor que curar” y así no sólo protege su salud sino también su bolsillo.

Para mayor información escriba a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla o llame al 678-966-0404 y con gusto le asistiremos en sus preguntas.

Modificado el ( junio, 2007 )
 
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