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Comenzaré pidiéndole lo siguiente: haga una abstracción y traiga a su mente la imagen de una manzana de cualquier color, tamaño o especie; muerda unos dos pedazos y déjela por unos minutos expuesta al aire. ¿Recuerda ahora cómo se ve su manzana luego de esto?Bueno, lo que sucede es que la manzana se “oxida”. Así mismo podemos comparar el proceso en un pedazo de hierro que se deja a la intemperie, al sol y al agua; por supuesto también se “oxida”. Como también los aceites después de varios días se tornan rancios, por una reacción química de oxidación. Pero, ¿qué es lo que sucede en el cuerpo humano cuando se habla de oxidación y de “antioxidantes “?
La oxidación es una reacción química que se inicia con el oxígeno, y nos presenta dos caras: por un lado, es esencial para la vida; y por otro, produce “radicales libres”, moléculas altamente reactivas (dañinas). Estas moléculas necesitan un electrón que “atrapan” para completar el que les hace falta de las moléculas que están a su alrededor para estabilizarse. La que ha sido atacada se convierte en un “radical libre”, que necesariamente continúa en el mismo proceso desencadenándose una reacción que causará un daño profundo a muchas células.
Como ejemplo de radicales libres tenemos metales como el hierro, cobre, ácido nítrico y el ozono. Estos contienen oxígeno y se conocen como ROS (reactive oxygen species) que son los que mayor significado biológico poseen, y por consiguiente, causan un deterioro a nivel de las células, proteínas y el ADN o material genético.
En el cuerpo, los radicales libres son producidos en reacción a factores internos y externos (y resulta imposible evitar las lesiones ocasionadas por ellos). Algunos procesos internos de oxidación se producen en el cuerpo de manera natural (la respiración y el metabolismo); y otros son producidos por factores como la inflamación y el estrés.
Entre los procesos externos causantes de radicales libres tenemos la contaminación, los rayos solares, el ejercicio extenuante, alimentos procesados, rayos X, el cigarrillo, el alcohol y algunos electrodomésticos (computadoras, la televisión, los hornos microondas, etc.)
El cuerpo mismo produce sus defensas o antioxidantes; sin embargo, el sistema no es perfecto, y al avanzar en edad las células sufren deterioro por estos procesos de oxidación acumulados, lo que impide a la célula su reproducción y acelera el proceso de envejecimiento.
Muchas enfermedades crónicas vienen siendo estudiadas a nivel átomo-molecular. En muchas de ellas, se ha encontrado una correlación con el estrés oxidativo, causado por estos radicales libres, los que a su vez contribuyen al crecimiento anormal de las células (pierden la capacidad de “reconocer” las células vecinas conllevando a una proliferación sin control). Este proceso es lo que comúnmente se conoce como tumores.
Los “antioxidantes” son nutrientes; sustancias capaces de interactuar y controlar a estos agentes nocivos para el organismo. Son vitaminas como la A y la E, son minerales como el selenio, el zinc, son enzimas (proteínas que ayudan al cuerpo en ciertas reacciones químicas), son flavonoides que se encuentran en frutas, el vino rojo, en el té, algunos vegetales, etc.
Los antioxidantes han sido objeto de múltiples estudios para demostrar su rol en la prevención y desarrollo de enfermedades como el cáncer, enfermedad coronaria, artritis reumatoide, enfermedad de Alzheimer, cataratas, cirrosis hepática, depresión, obesidad, entre otras.
Se habla mucho acerca del papel de la vitamina E como un poderoso antioxidante en la prevención de la enfermedad cardiovascular; sin embargo, en múltiples investigaciones se ha demostrado que ella no disminuye el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, no importa si se toma en dosis mayores y por períodos ilimitados de tiempo. La dosis usual debe ser solamente de 400 unidades internacionales diarias.
Otros elementos que han sido objeto de estudios de investigación son los hongos o champiñones. En junio de 2006 los investigadores Daniel J. DeNoon, Louise Chang MD, N y Joy Dubost presentaron un informe acerca de algunas variedades de hongos (los comunes o de color blanco, los crimini, portobella, shiitake y los oyster). Estos tienen tantos antioxidantes como muchos vegetales, y aún mayor cantidad, que los que poseen los tomates, pimentones verdes, calabazas, zuchinni, zanahorias y habichuelas.
El precio de los hongos blancos es económico y su potencial antioxidante es muy grande, lo que hace innecesario consumir las variedades más costosas, como los portobella. Usted puede escoger una gran variedad de vegetales y hongos, con lo que estará consumiendo una gran cantidad de excelentes antioxidantes.
El CDC (Centers for Disease Control) y la Fundación de Alimentos para una Mejor Salud han lanzado una campaña que dice: “Frutas y vegetales: el mejor tema”, que reemplazó la que decía “Cinco al día”. Con ésta última se buscaba promover comer al menos cinco porciones de vegetales y frutas al día. Con la nueva campaña, es hora de olvidarse de cinco al día, ya que gracias a los nuevos estudios, se ha descubierto que mucho más es mejor.
¿Cómo espera usted que sean sus años venideros? ¿Siente miedo de envejecer? ¿Cómo espera que sea la calidad de vida? Todas son preguntas que nos hacemos diariamente. Lógicamente no quisiéramos envejecer; sin embargo lo más importante a tener en cuenta no es, ¡qué tantos años podremos vivir! Pero sí ¡qué calidad de vida podemos tener!
Lo mejor es comenzar a hacer conciencia y establecer parámetros preventivos, con cambios definitivos en el estilo de vida, sobre todo incluyendo los siguientes tres elementos en ella: 1. Comer bien; 2. Practicar un programa de ejercicios y 3. Consumir diariamente suplementos antioxidantes de alta calidad que ayuden al cuerpo a contrarrestar el bombardeo ocasionado por tantos “radicales libres”.
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