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Edicion Nov/05

 
 
 
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Temer es respetar
Por Sasha Herrera

Protestantes marchan frente a la cárcel donde se encontraba preso Kenneth Lee Boyld, quien se convirtió en el recluso número 1.000 en ser ejecutado.

El viernes dos de diciembre fue ejecutado en el penal de Ralieg del estado de Carolina del Norte Kenneth Lee Boyd de 57 años, quién había sido condenado a la pena de muerte por el asesinato de su esposa Julie Currie, 36 años, y de su suegro Thomas Dillard de 57.

Este hombre, es el ejecutado número 1,000 desde que Estados Unidos reestableció la pena de muerte en 1976. Y es precisamente, este número, con el que una vez más, se intensifica el debate sobre la pena de muerte como castigo a personas como Boyd.

Para muchos, como los opositores a la pena de muerte que se hicieron presentes la noche del jueves primero de diciembre ante el penal donde sería ejecutado Boyd, este castigo es "una barbaridad racista"; para otros, la contra-parte, es una manera eficaz de luchar contra el crimen.

A estos últimos, podría decirles que este acto violento como mecanismo de respuesta a otro acto – igualmente violento – no es la forma de luchar, ni mucho menos prevenir, que cosas como estas no vuelvan a suceder.

La pena de muerte, nacida de la misma naturaleza del hecho que busca evitar, y del cual se espera, mediante la aplicación del castigo, que no se vuelva a repetir, es una gran contradicción desde el origen mismo de sus fundamentos. Este castigo no es más que otra horrible equivocación de una sociedad igualmente contradictoria, en donde, por ejemplo, se busca prevenir la violencia ejerciendo otro tipo de violencia, pero eso sí, en el caso de la pena de muerte, como una forma de "justicia".

Me pregunto si es que acaso, ¿la ejecución de este hombre, o de los muchos otros tantos, les va a devolver la vida a sus victimas?¿Van a hacer que sus crímenes sean menos deplorables? O ¿va a hacer que la tristeza, el vacío y la crudeza de la experiencia enfrentada por los familiares de las victimas sea borrado? o en el mejor de los casos: ¿va a hacer que cosas como estas no se vuelvan a repetir nunca? Creo – sin duda – que la respuesta a todas estas preguntas, y a muchas otras, es: ¡NO!

Por otro lado, quiénes están a favor podrían argumentar, que si bien, nada de aquello sucederá, la pena de muerte sí es un ejemplo para aquellos que un día se les cruce por la cabeza quitarle la vida otra persona. Y sí, hasta cierto punto la pena de muerte es efectivamente una forma de impactar, pero nunca será un ejemplo.
Los ejemplos no se fundamentan en el miedo, como las personas “que no sirven” o que “no nos gustan” se matan y el respeto no es una forma sofisticada de cortesía. En este mismo orden de ideas, la pena de muerte es la respuesta equivocada a una pregunta igualmente errónea. El problema no esta en cómo la sociedad castiga a individuos como Boyd; el asunto, es menos superficial y por ende, un poco más complejo, la pregunta es ¿por qué nuestra sociedad produce este tipo de personas?

Y una vez más, haciendo de "abogado del diablo", quienes están a favor, podrían responder, que la naturaleza del hombre, siempre dividida, es mala o es buena. Entonces, unos somos "malos" y otros somos "buenos"; lo que nos presenta una situación irremediable. A lo que respondería, que el hombre no dueño de su destino es una cosmogonía sólo válida y digna en el mundo antiguo, donde los primeros hombres, testigos de los dioses, y por tanto sus creadores, tenían un arraigado, o al menos más digno, principio de humanidad.

En este tiempo, el nuestro, este principio desdibujado, suplantado y amorfo "desafortunadamente" no permite culpar a otros por el desastre elegido como destino por el hombre mismo. Y no es más que un argumento mediocre, para una sociedad igualmente mediocre y aterradoramente ciega, dónde Dios es sinónimo de "corporate", miedo es sinónimo de respeto; y donde además, se promueve la vida quitándola y atropellándola en nombre de quién sabe qué justicia.
Por mi parte, estoy completamente de acuerdo con las declaraciones hechas, apropósito del tema, por Brian Forst, profesor de derecho de la Escuela de Leyes de la Universidad Americana para la agencia EFE, la aplicación de la pena de muerte "es una vergüenza para EE.UU." que "no disuade a nadie. Es violencia que genera más violencia".

Por su parte, Kenneth Lee Boyd, en su última noche, como lo describe la página de periodista digital en su cubrimiento del caso, recibió visita de sus familiares y para cenar pidió carne de vacuno, papas hervidas con crema, ensalada, pan con mantequilla y una bebida gaseosa. En la madrugada del viernes 2 diciembre, le fue aplicada la inyección letal, ante un grupo de testigos y una de sus nueras.

 
 
     

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