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Edicion Nov/05

 
 
 
Zona Franca
 


Pesca'o Bacalao
Por alejandro Leal

Para estas fechas, si no ha visitado el acuario es porque prefiere ver al pez en el plato que nadando en un estanque. Bueno, quizás no le apetezca empeñar unos $100 dólares en llevar a su señora y tres hijos, o quizás es que la falta de anuncios publicitarios le facilito olvidarse de que hace un mes abrieron el “acuario más grande del mundo”.

Afortunadamente para nuestros lectores la Revista fue invitada al día de medios, el sábado previo a la apertura oficial del Georgia Aquarium, donde nos dieron un tour cinco estrellas de lo que promete ser el motor económico del centro.

Por lo menos a eso le quieren apostar tanto el gobernador Sonny Perdue y la alcaldesa Shirley Franklin, quienes ambos hablaron en la conferencia de lanzamiento de la importancia de esta propiedad privada sobre terreno público, en cuanto a la economía de la ciudad.
En sí el acuario tiene mucho mérito, y no por los $250 mil millones de dólares que gastaron en construirlo. Es cierto que alrededor de la edificación se está construyendo el museo de la Coca Cola y con suerte la alcaldía convencerá a los de la NASCAR para que construyan su Salón de la Fama. Sumándolo al Atlantic Station, a Ikea y a la expansión del museo, es como lógico lo de la nueva campaña publicitaria de la ciudad: “Cada día es un día de estreno”.
Cabe el comentario social. Mientras tanto la alcaldesa como el gobernador se apresuraban en aplaudir la apertura del acuario, miles de desamparados siguen caminando por la ciudad, a unas pocas cuadras de donde se inauguraba el tanque de agua, sin hogar, trabajo, ni refugio para el invierno. Además, con la noticia de que la General Motors planea cerrar la planta de ensamblaje de Doraville y que la Ford está pensando cerrar la planta de Hapeville, queda la duda sobre quién podrá visitar tantas atracciones y sitios de comercio.

Pero bueno. Para los que no hayan ido, hagamos un repaso del sitio. Está ubicado cruzando la calle del parque Centenal. La entrada oscila entre los $15.74 para niños y los $21.06 para dultos – $18.06 para la tercera edad. Casi por el doble de cada precio se puede comprar un pase anual.

Al entrar se topará con la sección “Georgia Explorer”, una exhibición de animales nativos de las costas atlánticas de nuestro estado. Hay un tanque próximo a la entrada donde se pueden jugar con pequeñas manta rayas, y si se atreve, podrá acariciarlas.
Tras el “Georgia Explorer” sigue el “River Scout”, donde encontrará especies nativas a los ríos. Sin duda la atracción es tanque de las payaras rojas, un primo lejano de la piraña.

Luego sigue el “Cold Water Quest”, que alberga a todo tipo de animales de aguas frías como focas, pingüinos, el pulpo gigante del pacífico y las curiosas y vanidosas ballenas blancas, o belugas.
Sigue el “Ocean Voyager” y aunque es la exhibición de mayor atracción no es ni la última ni la primera. El orden quizás es reflejo de la idea que recalcaron los guías trabajando aquel día. “El visitante no tendrá que seguir un orden específico en cuanto a las exhibiciones. Podrá escoger cual de todas quiere ver primero o repetir”.

Pues entonces discutámosla de últimas. En nuestro orden, el tour culmina con el “Tropical Diver” donde se verán varias especies de peces y crustaceos tropicales. Las medusas y aguamarinas son de las exhibiciones más llamativas por su hermosura.

Volviendo entonces al “Ocean Voyager”, concluimos nuestro review. Es este el tanque más grande de todo el acuario y donde se encuentran Ralph y Norton, los dos tiburones ballena que son la atracción principal de todo la pecera.

La estructura de cada exhibición permite que la gente navegue un camino de donde se pueden ver los animales. Pero en el “Ocean Voyager” hay dos sorpresas muy gratas. La primera es el túnel submarino que cruza el tanque y de donde se puede apreciar el tamaño. Los animales pasan nadando a unos pocos metros de donde está la gente, creando una experiencia bastante interesante. La segunda sorpresa se las quedaré debiendo, sino qué gracia.

Hay un aspecto donde el acuario pierde el año y es la nomenclatura de sus letreros. No hay una sola palabra en español. Se supone que es una atracción internacional, que busca atraer turistas de todo el mundo – por ende había periodistas internacionales para la apertura. Pero todos los anuncios están en inglés. No que sea obligación, pero son detalles que a la larga importan.

Alejandro Leal

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