Seguimos
en el desierto
Por
Alelandro Leal
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Camilo Mejíam segundo a la izquierda,
y otros veternos de la guerra en Irak durante una
charla en Georgia Tech. |
Hacia el final de la película “Jarhead”,
el dialogo se reduce a un monólogo, y los hechos
que transcurren en la pantalla se separan de la narración
que hace el infante Jake Swofford (Jake Gyllenhaal): “Cualquier
cosa que haga él en su vida; construir una vivienda,
amar una mujer, cambiarle el pañal a su hijo, siempre
será un Jarhead. Y todos los Jarheads, matando,
muriendo, siempre estarán en mí. Aún
estamos en el desierto”.
Jarhead, a parte de ser el título
de la película – basada en las memorias del
soldado Swofford, veterano de la Guerra del Golfo del
92 – es el apodo peyorativo que reciben todos los
infantes de la Marina de los Estados Unidos.
No que los comerciales que insaciablemente
tratan de convencer a millones de jóvenes a que
sean los “pocos, los orgullosos, los Marines”,
mencionen dicha palabra. Es como un insulto, pero como
todos los insultos, a veces reúnen suficiente significado
para remplazar cualquier frase civilizada musitada en
su lugar.
La película trata sobre la primera
guerra del Golfo Pérsico, pero es imposible verla
sin hacer conexiones a la situación actual. Total,
son los mismos bandos, Estados Unidos contra Irak, aunque
más recientemente es Estados Unidos contra una
nube inconclusa de petardos y bombardeos que cada día
crece y crece, como una tormenta de arena.
“La intención no era convertir
la película en algo ‘relevante’ a lo
que está sucediendo hoy” comentó William
D. Broyels, el guionista al New York Times. “La
película es sobre unos muchachos y su experiencia
en ese entonces. Es una película sobre jóvenes
y lo que les sucede cuando van a la guerra. Es personal,
no de actualidad.”
Que la narración de la película se haga
desde el punto de vista de un soldado, es evidencia de
lo que comenta Broyels, y es más, durante un intercambio
de dialogo en una escena, un infante reclama, “Sin
política. Ya estamos aquí”.
Pero a la larga, es una muestra del tipo
de mensajes que recibe la cultura general. Mensajes que
a veces pueden parecer simples opiniones; narrativas desde
puntos de vista inofensivos – un soldado versus
un ejército – pero que arrastran una onda
filtrada de realidad que resulta poco fidedigna a lo que
se supone sucede en realidad. En otras palabras, es una
pantalla y una representación de la realidad que
no se acerca a la experiencia de los soldados e infantes
de la actual guerra.
“Es una película peligrosa
y mucha gente no se da cuenta; se quedan con la idea de
que es una película que critica el comportamiento
de los soldados,” comenta Camilo Mejía, el
veterano de la actual guerra en Irak, quien fue encarcelado
por rehusarse a regresar al campo de batalla. “No
es la idea del héroe en la guerra.”
Pero lo peligroso es que, justo cuando se está
librando un conflicto bélico, una guerra “horrible,
ilegal e inmoral” según Mejía, la
película no da un sentido real de la guerra.
En sí, es una versión tipo
Hollywood de lo que sucede cuando los seres humanos, por
razones más allá del entendimiento lógico
y pacifista, se convierten en máquinas de guerra.
“Al final, el tipo habla de que
a pesar de que hace todo con las manos, acaricia a su
mujer, cocina, sus manos nunca van a olvidar como se siente
el arma de guerra,” dice Mejía, “entonces
se podría decir que el tipo cambió profundamente
por sus experiencias en la guerra.”
“Eso no es a lo que nosotros nos
referimos,” dice.
Mejía hace parte de un grupo de veteranos que hacen
campaña en oposición a la guerra, viajando
de ciudad en ciudad, dando testimonios, relatando la desastrosa
realidad de la guerra, desmintiendo – y a veces
– reafirmando mitos y leyendas que llegan a los
oídos de civiles.
En octubre, el grupo Veteranos de Irak
Contra la Guerra, Iraq Veterans Against the War por sus
siglas en Inglés, dictó una charla en la
universidad de Georgia Tech, donde participaron algunos
de los fundadores del grupo.
Frente a una pequeña audiencia, cinco veteranos
discutieron sus experiencias. Algunos ya habían
cumplido su servicio militar, otros tenían que
haberse reportado ante sus oficiales, otros no habían
participado en la guerra.
Uno de los mitos que confirmaron fue el
del uso de fósforo blanco, catalogado como un arma
biológica ilícita para uso en conflictos
bélicos, por parte de las fuerzas armadas estadounidenses.
“Lo teníamos en el arsenal”, dijo Jimmy
Massey, uno de los veteranos que participó en la
charla.”No lo usamos nosotros, pero supimos que
el ejército lo utilizó en Fallujah.”
Justo unos días después
de la conferencia, el Pentágono confirmó
que habría utilizado fósforo blanco en la
invasión a la ciudad Iraquí. Empleándolo
como arma contra edificaciones tanto civiles como rebeldes,
impactando gente inocente. Al contacto con la piel, el
fósforo blanco quemará piel, músculo,
hasta el hueso.
Este tipo de testimonios son los que se
evitan con películas como “Jarhead”;
son testimonios de veteranos que luchan contra sus memorias
demoníacas para traernos el mensaje de la verdad.
Habrán quienes no estén de acuerdo con el
mensaje en oposición a la guerra, y aunque entre
ellos mismos hay diferencias y no todos son, por decirlo,
“pacifistas”, si quieren que la gene haga
consciencia de lo que en realidad está sucediendo
todos los días allá.
“Lo que nosotros queremos decir
es que en allá se muere una parte de uno,”
dice Mejía, “estamos hablando de miles de
civiles inocentes que mueren día a día,
de nuestros líderes exponiéndonos sin necesidad
al peligro”.