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Edicion Nov/05

 
 
 
JARHEAD
 


Seguimos en el desierto
Por Alelandro Leal

Camilo Mejíam segundo a la izquierda, y otros veternos de la guerra en Irak durante una charla en Georgia Tech.

Hacia el final de la película “Jarhead”, el dialogo se reduce a un monólogo, y los hechos que transcurren en la pantalla se separan de la narración que hace el infante Jake Swofford (Jake Gyllenhaal): “Cualquier cosa que haga él en su vida; construir una vivienda, amar una mujer, cambiarle el pañal a su hijo, siempre será un Jarhead. Y todos los Jarheads, matando, muriendo, siempre estarán en mí. Aún estamos en el desierto”.

Jarhead, a parte de ser el título de la película – basada en las memorias del soldado Swofford, veterano de la Guerra del Golfo del 92 – es el apodo peyorativo que reciben todos los infantes de la Marina de los Estados Unidos.

No que los comerciales que insaciablemente tratan de convencer a millones de jóvenes a que sean los “pocos, los orgullosos, los Marines”, mencionen dicha palabra. Es como un insulto, pero como todos los insultos, a veces reúnen suficiente significado para remplazar cualquier frase civilizada musitada en su lugar.

La película trata sobre la primera guerra del Golfo Pérsico, pero es imposible verla sin hacer conexiones a la situación actual. Total, son los mismos bandos, Estados Unidos contra Irak, aunque más recientemente es Estados Unidos contra una nube inconclusa de petardos y bombardeos que cada día crece y crece, como una tormenta de arena.

“La intención no era convertir la película en algo ‘relevante’ a lo que está sucediendo hoy” comentó William D. Broyels, el guionista al New York Times. “La película es sobre unos muchachos y su experiencia en ese entonces. Es una película sobre jóvenes y lo que les sucede cuando van a la guerra. Es personal, no de actualidad.”
Que la narración de la película se haga desde el punto de vista de un soldado, es evidencia de lo que comenta Broyels, y es más, durante un intercambio de dialogo en una escena, un infante reclama, “Sin política. Ya estamos aquí”.

Pero a la larga, es una muestra del tipo de mensajes que recibe la cultura general. Mensajes que a veces pueden parecer simples opiniones; narrativas desde puntos de vista inofensivos – un soldado versus un ejército – pero que arrastran una onda filtrada de realidad que resulta poco fidedigna a lo que se supone sucede en realidad. En otras palabras, es una pantalla y una representación de la realidad que no se acerca a la experiencia de los soldados e infantes de la actual guerra.

“Es una película peligrosa y mucha gente no se da cuenta; se quedan con la idea de que es una película que critica el comportamiento de los soldados,” comenta Camilo Mejía, el veterano de la actual guerra en Irak, quien fue encarcelado por rehusarse a regresar al campo de batalla. “No es la idea del héroe en la guerra.”
Pero lo peligroso es que, justo cuando se está librando un conflicto bélico, una guerra “horrible, ilegal e inmoral” según Mejía, la película no da un sentido real de la guerra.

En sí, es una versión tipo Hollywood de lo que sucede cuando los seres humanos, por razones más allá del entendimiento lógico y pacifista, se convierten en máquinas de guerra.

“Al final, el tipo habla de que a pesar de que hace todo con las manos, acaricia a su mujer, cocina, sus manos nunca van a olvidar como se siente el arma de guerra,” dice Mejía, “entonces se podría decir que el tipo cambió profundamente por sus experiencias en la guerra.”

“Eso no es a lo que nosotros nos referimos,” dice.
Mejía hace parte de un grupo de veteranos que hacen campaña en oposición a la guerra, viajando de ciudad en ciudad, dando testimonios, relatando la desastrosa realidad de la guerra, desmintiendo – y a veces – reafirmando mitos y leyendas que llegan a los oídos de civiles.

En octubre, el grupo Veteranos de Irak Contra la Guerra, Iraq Veterans Against the War por sus siglas en Inglés, dictó una charla en la universidad de Georgia Tech, donde participaron algunos de los fundadores del grupo.
Frente a una pequeña audiencia, cinco veteranos discutieron sus experiencias. Algunos ya habían cumplido su servicio militar, otros tenían que haberse reportado ante sus oficiales, otros no habían participado en la guerra.

Uno de los mitos que confirmaron fue el del uso de fósforo blanco, catalogado como un arma biológica ilícita para uso en conflictos bélicos, por parte de las fuerzas armadas estadounidenses.
“Lo teníamos en el arsenal”, dijo Jimmy Massey, uno de los veteranos que participó en la charla.”No lo usamos nosotros, pero supimos que el ejército lo utilizó en Fallujah.”

Justo unos días después de la conferencia, el Pentágono confirmó que habría utilizado fósforo blanco en la invasión a la ciudad Iraquí. Empleándolo como arma contra edificaciones tanto civiles como rebeldes, impactando gente inocente. Al contacto con la piel, el fósforo blanco quemará piel, músculo, hasta el hueso.

Este tipo de testimonios son los que se evitan con películas como “Jarhead”; son testimonios de veteranos que luchan contra sus memorias demoníacas para traernos el mensaje de la verdad.
Habrán quienes no estén de acuerdo con el mensaje en oposición a la guerra, y aunque entre ellos mismos hay diferencias y no todos son, por decirlo, “pacifistas”, si quieren que la gene haga consciencia de lo que en realidad está sucediendo todos los días allá.

“Lo que nosotros queremos decir es que en allá se muere una parte de uno,” dice Mejía, “estamos hablando de miles de civiles inocentes que mueren día a día, de nuestros líderes exponiéndonos sin necesidad al peligro”.

 
 
     

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