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Wilma y la Florida
Por Natalia Betancourt @

Los floridanos están acostumbrados a ser punto firme de este tipo de fenómeno natural, pero también están acostumbrados a quedar con los “crespos hechos” pues ha pasado ya con varios huracanes que se pronostican, terminando en falsas advertencias porque se desvían. El que me escuchara diría que prefiero que llegue el huracán a quedarme con los preparativos hechos pero no es así, lo que sucede es que cada huracán aparte de causar angustia también causa un impacto directo en la economía de las personas. “Con Wilma gasté casi $300 en pañales y alimentos y con Katrina y Rita aproximadamente otros $400,” comenta Margarita Díaz residente del sur oeste de Miami, una de las áreas mas afectadas por el huracán Wilma. “No me puedo confiar en lo que será y lo que no será y menos cuando tengo una bebe de brazos”. Muchos ya estamos acostumbrados a esa rutina de hacer preparativos para tener que al final deshacerse de las cosas que nunca se usaron. Por eso algunos habitantes del sur de la florida decidieron tomar las cosas con más calma y limitar los preparativos un poco más de lo normal, sin saber que esta vez los pronósticos acertarían más de lo acostumbrado.

Y bien que hicieron ya que el huracán Wilma el decimosegundo huracán de la temporada en formarse en el Atlántico, se convirtió en el huracán mas intenso en golpear el sur de la Florida después del huracán Andrew en 1992.

Pero nadie se esperaba que el huracán golpeara la Florida como lo hizo.

El huracán Wilma tocó tierra floridana entre las ciudades de Naples y Everglades City aproximadamente a las 6:35 a.m., extendiendo su radio de acción con vientos de hasta 128 mph. Su furia se extendió por los condados de Miami-Dade, Broward, West Palm Beach y Monroe y duró alrededor de 5 horas en pasar sobre la Florida. Para muchos, aquellas horas fueron las más eternas y desesperantes de sus vidas como fue el caso de Andrés Morales quien tuvo que sobrepasar el huracán encerrado en su closet después que las ventanas de su apartamento localizado en el treceavo piso se explotaran a consecuencia de que los paneles no aguantaran los vientos y se soltaron de las ventanas. Andrés es residente de Brikell un barrio localizado en el centro de Miami y uno de los más afectados .“Nunca había vivido algo como ésto, el miedo que sentí jamás lo podré poner en contexto”, dijo.

Tras el paso del huracán, cuando fue posible salir del encierro, la mayoría de floridanos encontraron desolación total. Árboles caídos encima de los carros, ventanas reventadas, fluídos eléctricos enlazados en los techos de las casas y un sol radiante que con ironía iluminaba radiante un día no tan típico en la Florida. Para las horas del medio día ya se habían reportado más de tres millones de hogares y negocios sin electricidad incluyendo los cuerpos de bomberos, estaciones de policía y hospitales entre otros. El caos no se hizo esperar, con el desespero de haber estado encerrados algunas horas y sin electricidad, miles de floridanos optaron por salir en busca de algo para distraer la mente así fuera solo dar una vuelta por el barrio para ver los estragos ocasionados por el huracán, o salir a buscar algo de comer con la esperanza de encontrar algo abierto.

El lunes fue el día más desmoralizante, pues aparte de no tener electricidad se vieron forzados a un toque de queda implementado por los alcaldes de cada condado. El toque de queda comenzó el lunes por la noche a las 8:00 p.m. y duró hasta el martes a las 6:00 a.m. y así permaneció toda la semana. Los que estuvieran en las calles entre las horas del toque de queda por causas que no fueran de trabajo, estarían expuestos a ser arrestados y pasar hasta 180 días en prisión.

La razón para el toque de queda fue que la ciudad andaba en penumbra total y no faltaba el malicioso que quería sacarle provecho a la mala situación. Sin embargo al llegar el fin de semana el toque de queda se extendió hasta las 12:00 de la noche. En el único lugar que era permitido rondar sin ninguna preocupación era el tan conocido lugar turístico “South Beach” y sólo si se era huésped de algún hotel entre la Washington ave y la Ocean drive. Finalmente el toque de queda se suspendió el lunes 31 de octubre devolviéndole un poco de libertad a muchos floridanos.

El problema no era la escasez de gasolina si no la falta de luz. Aunque algunas gasolineras tenían generadores como reserva, el uso intenso que se les daba hizo que muchos se dañaran, explotaran y dejaran de funcionar inmovilizando a miles de personas. Las filas daban la vuelta a la cuadra y la mayoría de personas tenían que esperar de cuatro a seis horas para obtener así fuera diez dólares de gasolina. Muchas gasolineras no vendían más de $20 y otras subieron sus precios aprovechándose de la situación.
Así fue la semana del 24 de octubre en el sur de la florida. Los pronósticos que daba la FPL (Florida Power Light) para restaurar el fluído eléctrico se extendían hasta el 28 de Noviembre en algunas áreas. Sin embargo para el viernes 28 de Octubre aproximadamente 2.4 millones de clientes ya tenían servicio eléctrico y las fechas de restauración se redujeron al 8 de Noviembre.

No tengo palabras para exponer lo que pasaron y sintieron los residentes del sur de la florida aquella semana. Tuve la fortuna de no vivir el huracán, pero la mala fortuna de llegar y encontrar la ciudad irreconocible. Tomará algún tiempo, quizás algunos años en volver a restaurarla completamente. Pero lo que agiliza el proceso es el espíritu y la motivación de la gente de no permitir que lo aglomere la nube negra que aparenta estar estancada. Hay que seguir adelante, sonreírle a la vida y dar gracias por tener la oportunidad de ver un amanecer más.

nbethancurt@revistaelite.com
Con información del Nuevo Heráld., Sun Sentinel y CNN.


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