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La culpa la tiene la Vaca

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Por fin campeones
 

Las medias son blancas
Por Alejandro Leal @

Es raro. Se siente como si un remolino hubiera descendido de repente y me hubiera arrebatado las medias, dejándome tirado en el suelo con ganas de seguir haciéndole barra ami equipo favorito. En un principio imaginé que iba a ser igual que en el 2000 cuando llegamos a la primera ronda de los playoffs después de una campaña productiva. También tuvimos el mejor récord de la liga Americana ganando 95 y perdiendo 67.

Aquel año se inició la pretemporada de las Grandes Ligas, más comúnmente lla-mada “spring training”, en Arizona y para ese entonces los muchachos del equipo, una mezcla de jóvenes y veteranos, pintaban para grandes cosas.

Iniciamos la temporada postulando una marca de 17 ganadas y sólo 8 pérdidas en abril. Para la mitad de la temporada, a la hora del juego de las estrellas, teníamos una marca de 55 y 33 y llegamos al final de la temporada con cinco partidos por encima de los Indios de Cleveland.

Pero desafortunadamente y en cuestión de 72 horas, perdimos tres consecutivos con los Marineros de Seattle, quedando así eliminados y sin saber hasta cuando.

Por eso cuando este año, los Medias Blancas empezaron con racha de 17 y 7 en abril, llegando a una marca de 57 y 29 en la mitad de la temporada, todo parecía un reflejo de cinco años atrás. Jugábamos bien, pero como decían los críticos, “ganan porque le ganan a los fáciles, porque ganan en su propia división, porque han teni-do suerte en partidos decididos por una sola carrera, etcétera”. A la larga yo me daba cuenta. Viendo cada uno de los partidos, no me lograba convencer de que te-níamos un equipo para llegar tan lejos.

En el 2000 la diferencia la marcó que los jóvenes peloteros no tuvieron miedo y salieron a ganar, tirándole a todos los lanzamientos que estuvieran cerca de la zona de strike y acumulando carreras (6.04 por partido, primeros en la liga) por medio de batazos de jonrón (216 en total).

Para el año anterior, el factor decisivo se dividió en varios elementos. Primero, el entrenador, Ozzie Guillén, paracorto venezolano que había comandado el campo corto de los Medias Blancas durante 12 temporadas, llegó en el 2004 a estrenarse como primer mandatario del campo y aunque el equipo estuvo de primero hasta septiembre de ese año, falló el bateo y quedaron eliminados.
Segundo, la filosofía. Hasta el 2004 se había sostenido que el equipo iba a ganar porque iba a apabullar al contrincante tal como se hizo en el 2000, sólo que desde ese año, los pitchers contrincantes supieron lanzarnos y los muchachos no volvie-ron a recuperar esa racha de anotar seis carreras en promedio por partido. Por eso, el gerente general, Kenny Williams, otro antiguo jugador, revolcó el asunto. Hacia el final del 2004 se hizo un intercambio con Seattle para traer al venezolano abri-dor Freddy García y con los Yankees de Nueva York, enviando al mexicano Este-ban Loaiza y recibiendo al “Titán de Bronze”, el cubano José Contreras.

En la pretemporada, se firmó a su compañero y compatriota, Orlando “El Duque” Hernandez, consolidando así una rotación envidiable. El “Az” Mark Buerhle (16 y 10 en el 2004), el “Az” Freddy García (13 y 11 en el 2004), José Contreras (13 y 9), el Duque (no jugó en el 2004) y el quinto, el joven Jon Garland (12 y 11). Además de pitcheo, Williams rompió su antigua filosofía al intercambiar al pana-meño Carlos “El Caballo” Lee a los Cerveceros de Milwakee por el rápido y ágil Scott Podsednik y el el lanzador de relevo José Viscaino.

En últimas, ese intercambio fue el epítome de la nueva corriente y del estilo de pe-lota que se jugaría en el lado sur de la ciudad de Chicago. Consolidando al grupo, el segunda base japonés, Tadahito Iguchi, llegó en febrero, dejando lista una nómi-na que de antemano, fue catalogada como una de las 10 menos mejoradas por Rob Neyer, un analista de ESPN. Otros predijeron que finalizarían de terceros o cuartos en la división. Por supuesto, ninguno predijo que iban a ganar. Nadie se lo espera-ba.

Yo no soy adivino. Pero desde que Boston y Nueva York se pelearon a Contreras en el 2003, desde que los Yankees dejaron ir a el Duque, me lo imaginé porque siempre me gustó como jugaban aquellos peloteros. Y así fue, los dos hicieron, por primera vez en las grandes ligas, parte de lamisma rotación en una misma tempo-rada. El Duque estaba en la nómina de los Yankees cuando llegó Contreras, pero no alcanzaron a lanzar al mismo tiempo. (El Duque fue intercambiado en el 2003 a los Expos de Montreal).

Sabía que teníamos una rotación tenaz, pero no me imaginé que fueran a liderar la liga en promedio de carreras recibidas por entrada –3.61, marca igualada sólo por los Indios de Cleveland; de segundo en carreras por partido, 3.98; de quintos en poncheo por strike, 1040; y de primeros en que los abridores hubiesen lanzado un juego completo, sucediendo nueve veces.

Este año, como en el 2000, llegamos agonizando al final, incluso aún más porque después de haber estado 15 partidos por encima de Cleveland en septiembre, hacia el final del mes, la diferencia era de unos pocos juegos, llegando a estar un juego y medio no más por encima de los Indios. Como habían predicado los críticos, el equipo decayó, sólo que no lo suficiente para que se les cumplieran sus augurios. Ganándole dos de cuatro a Detroit y al perder Cleveland dos de cuatro con Tampa Bay, nos clasificamos y para rematar, barrimos a los Indios en los tres últimos de la temporada, dejándolos seis partidos atrás.

Empezaba lo bueno, los playoffs. Ninguno de los críticos predijo que llegaríamos a la final, muy pocos presumieron que estaríamos en la final de la Liga Americana, y era una minoría los que creyeron que avanzaríamos de la primera ronda. Pero así fue, barrimos a los ex campeones, los Medias Rojas, triunfamos en cinco juegos sobre los Angelinos y barrimos a los Astros para coronarnos campeones de las Grandes Ligas.

Bien que Ozzie dijo que se iba a retirar si ganaba el campeonato, pero creo que no hablaba tan en serio; igual le quedó hambre de seguir ganando, de establecerse como el primer y único entrenador al mando de una nueva dinastía donde las me-dias, son blancas.

 
 
     

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