Tener placer en el trabajo de uno es lo ideal. Sentirse orgulloso de éste, es un privilegio.
Por medio de este artículo tengo el honor de reconocer y alumbrar el nombre de un ser humano privilegiado, que desgraciadamente, su mundo físico pasó al mas allá. Además, siento un placer inmenso al presentarle a muchos una persona que derrochó genialidades y nuevos conceptos en diferentes artes; y a quienes lo conocen, recordarles esa inmensa creatividad de relatar historias, reflejada en cada una de sus obras. Este colombiano dejó un legado, que es y será el punto de partida de aquellos que quieren dejar una huella como Bernardo Romero Pereiro.
A los doce años, y el día 13 del mes de Junio del año 1954, Romero Pereiro apareció en las pantallas de los nuevos televisores que la gente había comprado apenas dos semanas atrás y que encendían con la esperanza de que por fin algo se moviera en ella. Y fue Bernardo quien se movió. Su papel, en las primeras dos horas de la televisión nacional colombiana, fue como protagonista de “El niño del pantano”, una obra escrita por su padre, Bernardo Romero Lozano, quien estaba al frente del Teleteatro. Para muchos, el leer acerca de una persona tan influyente en un país que no es el de orígen resulta insuficiente para el interés. Sin embargo, este maestro en teatro y televisión traspasó barreras demográficas de continentes enteros.
En los estudios de la Radio Televisora Nacional el pequeño Bernardo actuó, sin conocer los alcances de la imagen. Solo lo supo su madre, Carmen de Lugo, quien se quedó en casa esa noche de estreno. Casi dos décadas después de este día tan especial, el padre de Bernardo murió (1971); pero él lo sucedió con un compromiso que le quedó de los primeros tiempos de la pantalla chica: las ganas de rescatar las buenas historias por encima de la imagen. Bernardo hijo se dedicó a ello, siendo un maestro en el arte. Se consagró en el teatro a los ocho años, pero llegando a el tope de sus 17 años, decidió que su felicidad la encontraría mejor dirigiendo y escribiendo que actuando.
Fue hasta 1968 cuando realizó su primera obra llamada “Casi un extraño”, la cual dio el impulso suficiente a la racha de éxitos por los cuales lo irían a condecorar en un futuro. Catalogado como original y sólido, sus telenovelas dieron mucho de que hablar, y eran las más pronunciadas por el público, y dentro del elenco de la televisión. Obras como “Cuentos del Domingo”, “La mala hora”, “San Tropel”, “Caballo Viejo”, “Las Ibáñez”, “Escalona”, “Sangre de Lobos”, “Dejémonos de Vainas” o “Señora Isabel”, son de las más destacadas que Bernardo Romero Pereiro enterró en la memoria de cada uno de los colombianos, y otras nacionalidades.
Son historias las que construyen nuestro pasado y definen el futuro. Historias de Romero Pereiro hicieron y harán parte de el conciente de muchas personas que, directa o diferidamente, disfrutaron de cuentos llenos de misticismo y creatividad. Además, estos relatos cuentan con un sello personal de Bernardo: sus finales no fueron típicos, sino racionales, y sus historias pusieron el dedo en la llaga, con diálogos brillantes y parlamentos sobrios. Con estos argumentos, Romero Pereiro alcanzó una popularidad inmensa en Colombia, haciendo su propio trazado en la línea de la historia de la Televisión.
Tanta fue su fama, que sus obras empezaron a ser productos de exportación alcanzando ratings altos en mercados de países de habla hispana. Venezuela y México fueron los primeros interesados en adquirir los servicios de este generador de historias impactantes. En México escribe junto con Mónica Agudelo los libretos de la telenovela “Tentaciones”, dirigida por Maika Bernard y Alberto Cortes. Para el 2001, extiende la tradición familiar al escribir una telenovela junto a su hija Jimena. “Amar es querer con Alevosia”, dirigida por Luis Velez fue realizada en México. Entre las últimas producciones de Bernardo Romero Pereiro se encuentran:”Siete veces amada”(2002), también escrita con su hija, dirigida por Magdalena La Rotta, y producida por Caracol Television. Otra fue “Apuesta por un amor”(2004), en la cual realizó los libretos para Televisa y dirigida por Alfredo Gurrola. Finalmente en el 2005 con Jimena Romero “Lorena”, dirigida por Rodrigo Triana y producida por RCN.
En compás a todos su éxitos, la imagen de Romero Pereiro está laureada con decenas de premios que hacen honor a la consistencia y dedicación a su trabajo: Premio Simón Bolívar (1989) con la comedia “Dejémonos de vainas”, y en el 92 por mejor libreto en “Escalona”. Además, premio Esmeralda a mejor director, premio Gran de Oro, premio TV y Novelas (2004). Por toda una vida, fueron entre otras, las preseas que orgullosamente recibió a lo largo de su carrera.
Como dijo en una entrevista con “En Rodaje”, una revista de cine colombiana, “¿Qué propuesta para mejorar nuestra televisión? Dejar de tratar de copiar en materia de contenidos, y sobre todo, de realización. Para copias existe Xerox, pero lamentablemente, y me incluyo, vivimos en el mundo de la globalización. O entremos de una vez en él; pero de una y no con ánimo de segundones”.
luis.palacios@revistaelite.com