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Una voz, una bandera
Por Alejandro Leal
“Esto apenas es el comienzo”, dijo el pastor Julián Herrera, representante de la Alianza del 17 de Marzo de Georgia, entidad que convocaría a la comunidad latina del estado para que llevase a cabo un paro económico en protesta por la ley SB 529.
Y tenía razón. Pocos días después ya se habían reportado protestas y marchas en varias ciudades del país que superaban los cientos de miles de personas. En Los Ángeles, el alcalde Antonio Villaraigosa, de padres inmigrantes, habló frente a la multitud de más de 500,000 personas.
“Hay que demostrarle al Congreso que no somos criminales”, dijo. Un sentimiento que se escucha con cada paso que da la comunidad en son unido de protesta en contra de la ignorancia y la discriminación.
El paro del 24 de marzo fue impulsado por las acciones de más de 80,000 hispanos que se quedaron en sus hogares sin consumir un dólar. Aquella mañana, en una rueda de prensa, la Alianza, comandada por el Pastor Herrera y el antiguo cónsul general de México, Teodoro Maus, dejó claro que se unirán a un grito general de protesta que se escucha en todo el país.
Dentro del marco de la gran polémica que representa el tema migratorio existen dos polos. Quienes mantienen que la herencia de este país está basada en la tradición inmigrante que siempre ha existido y quienes pretenden que se cierren las fronteras porque temen una invasión que amenaza sus costumbres y su estilo de vida. Y así, la gente encerrada en estas dos posibilidades da opiniones febriles al respecto.

Foto: Alejandro Leal / Revista Elite
Más de 200 estudiantes se reunieron el 24 de Marzo frente al capitolio estatal para protestar la ley SB 529.
Si se analiza la historia, un sistema de visas laborales temporales, tal como lo plantearon los senadores McCain y Kennedy en su propuesta, no ha existido desde que en los cuarenta se trajeran más de un millón de campesinos mexicanos a lo largo de cinco años para cultivar el campo en el conocido programa de los “Braceros”.
Es por eso que muchos críticos –que en su mayoría son columnistas y personajes radiales, de ultra derecha, alegan que la propuesta (aprobada por el comité judicial del Senado el 27 de marzo) es una amnistía.
Ante esto hay que considerar dos cosas importantes:
Por un lado, el comité judicial del Senado aprobó una propuesta que se discutirá en el Senado en estas semanas. Aunque la propuesta establece un programa de visas laborales temporales, sin duda será modificada de acuerdo con los cambios que se consideren tras una sesión de debate general en esta rama.
Ya una vez el Senado tenga la versión final de la propuesta, ésta deberá ser conciliada con la propuesta de la Cámara de Representantes. Dicha propuesta fue la que se aprobó hacia finales del año pasado y la que solicitaba la construcción de un muro en la frontera entre Estados Unidos y México a lo largo de 700 millas, entre otras “mejoras” a la seguridad fronteriza.
Por otra parte, contrario a lo que opinen muchos líderes de derecha, tal como el Rep. Tom Tancredo de Colorado, y el líder de la mayoría en el Senado, el Sen. Bill Frist –quienes en vez de formular una solución realista, buscan criminalizar a 11 millones de personas de la noche a la mañana– esta propuesta del senado no es una amnistía.
La propuesta establecería un sistema donde una persona podría entrar al país, trabajar por tres años y regresar a su país natal. Allí, esta misma persona solicitaría empleo bajo la misma visa laboral por otros tres años y al culminar este segundo periodo, podría pedir una tarjeta de residencia. Es en ese instante que el trabajador se une a los millones de inmigrantes que llegan a vivir legalmente cada año. Igual que ellos, debe esperar cinco años más para solicitar ciudadanía. Contemos, tres, tres, cinco, son más de nueve. Un proceso que dure más de nueve años no es amnistía.
Lo cierto es que la reforma migratoria es necesaria pero no se podrá realizar como tal. Siempre ha existido un sistema que permite el ingreso de inmigrantes para que se queden y establezcan sus vidas en el país. El problema es que el Congreso no se preparó para cuando el número de personas que buscan ingresar incrementara hasta lograr la magnitud de hoy.
Por eso algunos analistas, como el columnista ( y economista) del New York Times Paul Krugman, explican el problema de un sistema de visas laborales. La justificación de tal sistema es económica; la mano de obra del inmigrante es necesaria porque no es tan costosa como la doméstica. Pero el hecho de que el inmigrante trabaje por menos implica que su calidad de vida seguirá siendo inferior a la de los residentes o ciudadanos.
Por eso, el sistema beneficia más al comercio y a la industria que al inmigrante o al trabajador doméstico.
La situación ya no se presta para que se formule una nueva estrategia de inmigración como tal, como dice el líder cívico, Jesse Jackson, en vez de que exista una sistema eficaz que permita entrar a quienes quieran hacerlo legalmente, y tras semanas de protestas masivas donde se demostró que la comunidad inmigrante no tolerará tal abuso, el Congreso tendrá que decidir entre legalizar millones de indocumentados, o más bien optar por la respuesta brusca, grosera y extremista de varios congresistas de derecha: convertirnos en criminales.
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