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Un tratado en desacuerdo
Por María Teresa Molano
En los últimos meses una de las palabras más mencionadas entre los colombianos es El Tratado de Libre Comercio (TLC). El Tratado de Libre Comercio tiene a todos los implicados haciendo sus apuestas, pues aunque el gobierno de Estados Unidos y Colombia aseguran que es beneficioso para los dos países, hay quienes están en contra y ruegan por que no se firme el mismo.
Un TLC es un acuerdo que se lleva a cabo entre dos países o más, en este caso Colombia y Estados Unidos, donde se establecen diferentes reglas para el comercio de bienes y servicios entre los participantes. Estas negociaciones influyen en diferentes sectores de la economía del país, y su fin es incrementar el comercio y la inversión, logrando que el desarrollo económico y social de los países participantes en el TLC aumente.
Estados Unidos y Colombia, buscan con este convenio incrementar las exportaciones de los productos nacionales, brindando un espacio seguro, sin altibajos, a todos los inversionistas nacionales e internacionales, para así lograr generar variedad de empleos y un crecimiento económico que beneficie a todos los ciudadanos.
En el 2003, cuando se decidió negociar el TLC, Colombia creó un Equipo Negociador, dirigido por Hernando José Gomez. Junto a él, se encuentra el Consejo Superior de Comercio Exterior y la población civil; todos velando por los intereses de Colombia y haciendo respetar los derechos y principios consagrados en la Constitución.

Foto: Alejandro Leal / Revista Elite
A comienzos de los noventa, la Apertura Económica en Colombia significó la entrada de marcas internacionales al mercado local.
Sin embargo, las consecuencias del TLC para Estados Unidos son muy distintas a las de Colombia, pues estos dos países tienen economias e intereses totalmente diferentes que los motivan a firmar este convenio. En la realidad lo que implica el TLC no esta relacionado sólo con lo comercial, puesto que lo que impulsa a EEUU a aceptar este acuerdo son sus grandes intereses políticos.
Para Estados Unidos, el TLC significa ganar seguridad nacional a cambio de beneficios comerciales para Colombia. Todo esto por ver al país como uno de los pocos países andinos que cooperan en la lucha antidrogas y antiterrorismo. Además, Colombia no hace parte de las nuevas ideologías de la región, las cuales se inclinan hacia los movimientos izquierdistas, como el caso de Venezuela.
Por otra parte, la única razón comercial palpable que llevaría a Estados Unidos a tener interés en el TLC, es que Colombia es uno de los mercados más importantes del hemisferio occidental para los productos de exportación agropecuaria estadounidense, después de Canadá y México; y hacer convenios comerciales, que incluyen aranceles y barreras comerciales, es de gran beneficio para los americanos.
Al otro lado de la mesa se encuentra Colombia, con sus múltiples problemas económicos y buscando una luz que los saque de tan cruel realidad. Pero lo que no es tan seguro es que esa luz sea el TLC, pues ya se sabe que este tratado afectará severamente al sector agropecuario del país, pues se importaran grandes cantidades de maíz, arroz y pollo, entre otros productos, a precios que dejaran en graves problemas a estos subsectores.
Es increible que no se haya firmado el TLC y ya el gobierno tenga que estar pensando en que subsidios se les darán a los sectores que resulten más afectados. Y por supuesto, estos subsidios saldran del bolsillo de los colombianos, que como es costumbre tienen que hacerse cargo de las equivocaciones del gobierno.
Para muchos colombianos, que tienen su microempresa, el TLC les recuerda a la no olvidada Apertura Económica, encabezada por el gobierno de César Gaviria, la cual acabo con toda la pequeña y mediana industria, dejando sin trabajo a miles de colombianos. Es por ésto que el gobierno del presidente Alvaro Uribe, se ha tenido que esforzar para convencer a los colombianos de los beneficios que se recibirían si se llega a firmar el convenio.
Entre las múltiples ventajas que dice tener el TLC se encuentra el aumento en la tasa de crecimiento económico y de bienestar de la población; también el alza de las exportaciones y competitividad en las empresas nacionales. Pero lo anterior no es suficiente para que el pueblo colombiano le de el visto bueno a este convenio.
Por otra parte, los colombianos residentes en los Estados Unidos se quedaron esperando que el TLC les ayudara a su situación en este país, pues temas como la seguridad social, los estudios y homologaciones de títulos en el exterior, y el otorgamiento de visas de Estados Unidos, no se incluyerón en el convenio, y una vez más los colombianos que estan lejos de su país se sintierón olvidados.
El TLC se encuentra en el punto final, y es ahora donde se conocerá el futuro comercial de Colombia. Aún quedan muchas inconformidades y dudas sin resolver. Palabras como aumento en los impuestos, IVA y subsidios, se haran aún más frecuentes entre los colombianos que esperaban que despúes de tanto tire y afloje de estas negociaciones del TLC, se lograran sacar múltiples beneficios para todos los sectores económicos del país, no para unos sí y para otros no.
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