Conde es una rareza hoy en día, cuando el artista se define
por sus contactos, su sex appeal, y el respaldo comercial que tenga. Ha
tenido mucho contacto con lo que se dice es la industria de la
música, pero siempre se ha mantenido independiente.
“Nunca tuve mucha fe en la industria”, confiesa,
pues participó en varios grupos que lidiaron con las grandes
disqueras.
“Ahora hay muchos artistas independientes, que lanzan sus
propios discos, y la gente cada vez más se da cuenta que las
disqueras grandes empeñan tanto dinero en los grandes
artistas que sacan, pero en realidad no hablan de los más
pequeños,” comenta, “es una
música que no llega”.
Su primer disco, “Ay que rico!” lo lanzó
a través de su propio sello, Pipiki Records; la
producción, los arreglos, la composición, de casi
todo se encargó él mismo; la
contratación del grupo, el alojamiento, el transporte, en
todo, tiene algo que ver. Pero no que él sea un
“todero”, lo hace “porque hay que
hacerlo, porque no he encontrado con quien trabajar”.
Tiene todo un sistema. En el día, hace llamadas,
envía press kits, y de noche, ensaya.
¿Cuándo compone? “Bueno a veces llamo a
la contestadora con una idea; pero en sí, poco a poco, soy
muy lento para la composición, pero porque me gusta hacer
las cosas de calidad”, dice.
Logró que Universal distribuyera su primer disco, y ahora
que tiene respaldo y que se ha establecido, piensa concentrarse en su
rol como cantante y como líder musical y dejar los aspectos
de la producción y demás labores relacionadas a
otros.
El grupo como tal, nació hacia finales del 98 y unos dos
años después, produjeron y vendieron mil copias
de un disco de temas tradicionales cubanos, titulado
“Esencia”. El lanzamiento de “Ay que
rico!”, es como una culminación de un proceso de
un muchacho que cantaba rock en inglés, que
estudió música clásica y jazz en
Berkley y que regresó a sus raíces latinas con el
son, el chachachá y la rumba.
Conde es uno de esos personajes que logran incorporar varios intereses
en la cotidianidad de sus vidas. Es muy orientado a estar en contacto
con la naturaleza, por ejemplo. “Me atrae mucho el silencio y
eso viene de mi apreciación a la naturaleza”,
dice. Ha ido a Venezuela y Costa Rica para acampar en las
montañas y cuando visita Miami, le gusta ir a los pantanos
de los Everglades. “Y bueno, imagínate, el mundo
está en desequilibrio, no soy el primero en decirlo, hay
ahora un movimiento increíble de gente que se dio cuenta que
hay que proteger la tierra”, dice. “Cada vez es
peor para los seres humanos, si se empiezan a desaparecer animales,
plantas, y hasta los mares”.
(Su comentario es casi profético pues a principios de enero
se publicó un estudio realizado por científicos
norteamericanos y peruanos en el Amazonas que revela que mosquitos
portadores de malaria se concentran en tierras recién
deforestadas)
Uno de sus intereses en particular son las cigarras, “Voy a
Costa Rica y me siento al lado de un valle, después de estar
en Nueva York todo el año y escucho lo que es una
sinfonía de cigarras”, comenta. En su
página web hay un enlace a un grupo aficionados a los
insectos y tiene pensado escribir una canción a las cigarras
de Estados Unidos por su historia trágica. “Viven
toda la vida como un gusanito. En el año 17, salen le crecen
unas alas, pueden volar, el macho le canta a la hembra, se aparean, el
macho muere, y la hembra pone unos huevitos y se muere
también. Para en otros 17 años, otro gusanito
hacer lo mismo”.
Aquella noche el frío no se sentía gracias al
calor de su música y como en una covacha en Cuba, Jose Conde
y Ola Fresca, cerraba la noche mientras una docena de parejas bailaba
frente a la orquesta.
aleal@revistaelite.com
Entrevista por Alejandro Leal y Sasha Herrera